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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Joaquín Rábago

Papel vegetal

Joaquín Rábago

Los problemas de una defensa autónoma europea

El momento unipolar que se produjo a raíz de la disolución de la Unión Soviética y la desaparición del Pacto de Varsovia no va a volver ya, por más que le pese a Estados Unidos.

Se habló entonces del «in de la historia» (Fukuyama): derrotado definitivamente en comunismo, el mundo entero parecía rendirse al capitalismo liberal.

«The US is back» (Estados Unidos ha vuelto) proclamaría años después en tono triunfalista el presidente Joe Biden tras ganar las elecciones a su rival republicano.

Era como si, tras el paréntesis aislacionista de su predecesor, Donald Trump, EEUU pretendiera erigirse otra vez en líder indiscutible del «mundo libre».

Después ocurrió lo de Afganistán, con la salida precipitada de las tropas estadounidenses de ese país, a la que precedió el abandono a su suerte de Oriente Medio tras una serie de intervenciones norteamericanas a cual más desastrosa.

El nuevo foco de EEUU está ahora en el Pacífico: Washington no parece dispuesto a perder una hegemonía que le disputa allí una China cada vez más fuerte desde el punto de vista militar y económico.

Y la pregunta que se les plantea a sus aliados europeos es si deben seguir ciegamente a Washington en su enfrentamiento con Pekín: es decir, si está en su interés hacerlo.

La insistencia en la idea de que EEUU ha de seguir siendo la superpotencia indiscutible e indiscutida que fue desde el final de la Guerra Fría representa un serio obstáculo para la transición a un mundo multipolar, que es ya una realidad inevitable.

Es en ese contexto en el que se escuchan cada vez más voces en Europa que abogan por una política de seguridad propia de la UE, que no tendría que coincidir necesariamente con los intereses norteamericanos.

Es cierto que, a diferencia de su despótico antecesor en la Casa Blanca, el demócrata Biden dice querer contar con la OTAN, pero no hasta el punto de consultar todas sus decisiones a sus aliados, como se vio que sucedió en Afganistán.

Además, ¿qué ocurrirá si las próximas elecciones presidenciales en EEUU las gana Donald Trump, si es que decide por fin a presentar su candidatura, o cualquier otro republicano que muestre el mismo desprecio por los europeos?

La reorientación de EEUU hacia el espacio asiático exige un replanteamiento de la estrategia europea, algo que tiene, sin embargo, también sus dificultades por las diferencias entre los propios socios de la UE.

Como señala el politólogo Michael Brzoska, del Instituto de Investigaciones sobre la Paz y la Política de Seguridad de Hamburgo, la idea de una Europa militarmente fuerte y estratégicamente independiente al mismo nivel que EEUU o China, no deja de ser «una quimera».

Para ello haría falta un centro donde se tomasen las decisiones y al que habrían de someterse los Estados nacionales, algo que, por ejemplo, no aceptaría Francia, país, que es al mismo tiempo y paradójicamente es el máximo defensor de una defensa autónoma europea.

Sería además muy difícil que sus socios europeos aceptasen los objetivos estratégicos de Francia, el único país de la UE que se sienta en el Consejo de Seguridad de la ONU, entre otras cosas, por las ambiciones postcoloniales de París, que siempre acaban en intervenciones militares.

Sucede, por otro lado, que los países que fueron satélites de la Unión Soviética, en especial Polonia y las Repúblicas Bálticas, desconfían hoy profundamente de la Rusia de Vladimir Putin y no quieren de ningún modo renunciar al escudo que, a través de la OTAN, les proporciona EEUU.

Lo que parece cada vez más claro es que una futura política de seguridad europea deberá tener en cuenta no sólo las amenazas clásicas, es decir el terrorismo o las de tipo militar, sino también otras de nuevo tipo como es el cambio climático.

El calentamiento del planeta y sus consecuencias inmediatas como las sequías, la elevación del nivel del mar y otras catástrofes naturales desestabilizarán muchos países y darán lugar a fuertes movimientos migratorios para los que Europa deberá estar en cualquier caso preparada. Y ahí de nada servirán las armas.

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