Suscríbete

La Provincia - Diario de Las Palmas

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El ojo crítico

Disfruten lo votado

Cuando hace unas semanas el escritor Mario Vargas Llosa reflexionaba en la (desastrosa) última Convención Nacional del Partido Popular acerca del hecho de que para él era más importante que votar en libertad era votar bien, tal vez estaba pensando en las consecuencias tan negativas que para el orden mundial tuvieron los cuatro años de mandato de Donald Trump y para el orden europeo el actual Gobierno de Boris Johnson, ambos de tendencia conservadora y que en numerosas ocasiones han sido alabados y defendidos por los ultraliberales españoles.

La actitud del primer ministro inglés, consintiendo la celebración de fiestas privadas en Downing Street mientras el resto del país estaba confinado y los familiares de las víctimas de la pandemia no podían ni acercarse al tanatorio, confirma, una vez más, el doble rasero que suelen tener los ultraliberales. Para ellos todas las normas deben de ser de obligado cumplimiento para la ciudadanía sin importar las circunstancias. Como prueba hay que recordar que la reina de Inglaterra, en el funeral de su marido, tuvo que sentarse sola en la Iglesia sin nadie que la acompañara en tan difíciles momentos por motivos sanitarios, mientras el primer ministro y sus ayudantes celebraban una fiesta con alcohol en los jardines de su residencia oficial sin utilizar mascarilla, sin guardar las debidas distancias y en grupo, todo ello prohibido por las propias normas del Gobierno inglés.

Las torpes excusas de Johnson, incapaz de dar una respuesta coherente a las preguntas de los periodistas y a las interpelaciones parlamentarias que en relación con este lamentable suceso se le han hecho, en realidad, tampoco han sorprendido mucho. Su forma histriónica de hacer política ya era conocida por los votantes ingleses, especialmente por los londinenses, y a pesar de ello fue votado de manera mayoritaria en las últimas elecciones generales de 2019. Si a ello le sumamos el masivo apoyo que tuvo el Brexit poco más se puede decir aparte de, que los ciudadanos ingleses deben quejarse menos del presidente que tienen, así como de su situación de desabastecimiento y de la falta de mano de obra y disfrutar de lo que han votado.

Boris Johnson responde al arquetipo de político anglosajón muy exigente con la aplicación de principios ultraliberales que limiten la vida de los ingleses, pero al mismo tiempo muy poco consecuente con la aplicación de esos mismos principios en el terreno personal. Hace muchos años en la sociedad inglesa existía la costumbre de que los vástagos de buena familia, durante su juventud, se comportasen de una manera un tanto alocada que desaparecía cuando se casaban y formaban familia. Educados en Eton y Oxford jugaban a comportarse como si perteneciesen a la clase obrera, pero pasado un tiempo, su rebeldía se convertía en lo más parecido a plegarse a la estricta moralidad victoriana que sólo algunos pocos, como fue el caso de Oscar Wilde, se atrevieron a desafiar. En la literatura quedó reflejado en novelas como Retorno a Brideshead, Una habitación con vistas y también Maurice. Sin embargo, hoy día, la derecha europea ha entrado en una dinámica de violencia verbal, chabacanería e histrionismo que dificulta el ejercicio de la política y de la gobernanza. A los casos de Donald Trump y Boris Johnson se une la tergiversación de la mayoría de la derecha española que no duda en utilizar la pandemia, los fondos europeos y el victimismo para atacar al Gobierno de coalición.

Es más que probable que las mentiras de Johnson queden sin el castigo que merecen, es decir, con su dimisión, pero en cualquier caso su credibilidad política ha quedado reducida a la nada. Se echa en falta tanto en España como en Inglaterra un partido conservador europeísta de profundas raíces demócratas que arrime el hombro cuando esté en la oposición. En el caso inglés el partido conservador se encuentra instalado en el gamberrismo político y en un egoísmo cuya trágica consecuencia, el Brexit, lo están sufriendo todos los ciudadanos del Reino Unido tanto a nivel económico como laboral. En España Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso han recuperado lo peor del Aznarismo con la utilización de las entrevistas a los medios de comunicación como lanzadera de bulos y convirtiendo las sesiones parlamentarias del Congreso de los Diputados y de la Comunidad de Madrid en un diálogo de sordos. En realidad. detrás de su escasa capacidad política se percibe su también escasa formación, lo que lleva a pensar qué lejos está la derecha española del partido democratacristiano alemán, la CDU, cuya discreción y buen hacer en el ámbito de la gestión política alemana y europea lo han convertido en un partido de referencia.

Frente a la excepción alemana el resto de la derecha europea continúa en su proceso de caída libre hacia el extremismo. Ya sea por la irrupción y consolidación de la ultraderecha en Europa o por el arrobamiento que la figura de Donald Trump ha ocasionado en los sectores ultracatólicos y ultraliberales europeos, el paulatino acercamiento de los conservadores (sobre todo en España) hacia la extrema derecha está condicionando el desarrollo de la Unión Europea en orden a la unificación jurídica y económica.

Compartir el artículo

stats