Suscríbete

La Provincia - Diario de Las Palmas

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Xavier Carmaniu Mainadé

entender + CON LA HISTORIA

Xavier Carmaniu Mainadé

Ellas también espían (y no son Mata Hari)

Siguiendo el rastro del éxito con su olfato comercial, Hollywood acaba de estrenar la película Agentes 355, donde se cuenta la historia de un grupo de mujeres espías procedentes de distintas partes del mundo que se unen para salvar el planeta de los malos.

Las grandes productoras cinematográficas saben que ahora todo lo relacionado con el empoderamiento femenino tiene buena acogida entre el público. Y al igual que tuvimos una versión de los cazafantasmas y una entrega de la estirpe de los ladrones Ocean protagonizada por actrices, ahora es el momento del espionaje, un ámbito donde la ficción ha creado uno de los grandes clichés de la masculinidad del siglo XX y parte del XXI: James Bond. En cambio, cuando se habla de mujeres espías quien nos viene a la cabeza es Mata Hari, un nombre que se ha convertido en sinónimo de femme fatale. Sin embargo, la película tiene la virtud de reivindicar y dar a conocer a otro personaje: el Agente 355, una mujer que estuvo a las órdenes de George Washington durante la guerra de independencia. Todavía ahora no se sabe a ciencia cierta cuál era su identidad, pero se sospecha que formaba parte de alguna familia colonial importante y que aprovechaba los contactos de sus parientes con los partidarios del imperio británico para conseguir información que entonces ella pasaba a los separatistas.

Sin movernos de Norteamérica, durante la guerra civil también hubo mujeres que destacaron. La más famosa fue Belle Boyd, que espiaba a los confederados. Su base de operaciones era el hotel que su padre tenía en Fort Royal (Virginia). Allí a menudo se reunía parte del Estado mayor del ejército de la Unión y, según sus memorias, se escondía en el armario de la sala donde se celebraban los encuentros y así se enteraba de los planes de ataque para pasarlos al ejército sudista.

Una de las figuras más extraordinarias de ese mundo fue Yoshiko Kawashima. Nacida en 1907 en Pekín, era princesa de la dinastía Qing pero por rocambolescos azares de la vida acabaría en Japón, trabajando como espía del país del sol naciente durante la guerra sino-japonesa primero y la Segunda Guerra Mundial después.

Aunque en Occidente no es muy conocida, en Asia es un personaje muy popular, al que se le han dedicado todo tipo de libros y películas. No hay suficientes páginas en este periódico para contar su biografía con detalle. Dada en adopción a raíz de la muerte de su padre, fue violada reiteradamente por su padrastro y al cumplir 18 años hizo saber a la familia que no quería ser una mujer nunca más. Consecuente con su decisión se cortó el pelo como un soldado y empezó a vestir solo ropa masculina. Aprovechando sus orígenes aristocráticos se relacionó con las personalidades más destacadas de Manchuria y Mongolia para obtener información. Además, entró en combate en varias ocasiones, llegando a comandar un contingente de 5.000 hombres para perseguir a los independentistas manchúes. Al final de la Segunda Guerra Mundial, con la derrota japonesa, fue detenida en China y fue ejecutada en 1948. Muchas veces se la suele llamar la Mata Hari de Oriente, por las similitudes vitales y el trágico final compartido.

Quien también murió antes de tiempo fue la espía polaca Krystyna Sharbek. Nacida en 1908, formó parte del Special Operations Executive británico (SOE), creado durante la Segunda Guerra Mundial. Fue la primera mujer en entrar en acción sobre el terreno y sus incursiones tanto en Polonia como en la Francia ocupada por los nazis enseguida se convirtieron en legendarias. La misión más destacada fue la liberación de dos espías (hombres) detenidos en Alemania. Lo consiguió negociando y sobornando a un jefe de la Gestapo.

El coraje y la capacidad resolutiva de Sharbek hizo que los responsables del SOE reclutaran a más mujeres, pero ninguna llegó a su nivel. Acabada la guerra se retiró y vivió en Londres hasta que en 1952, a los 44 años, un acosador que se había obsesionado con ella la apuñaló, provocándole la muerte. Por más espías que fueran, no podían escapar de ser violadas y asesinadas, como cualquier otra mujer del mundo. Y esto no sale en las películas.

serie

Cortos animados de divulgación

El mundo del espionaje femenino es muy desconocido. Para remediarlo, la periodista de Le Monde Chloé Aeberhardt las ha buscado y les ha dedicado un libro (Las espionnes racontent), que también es una magnífica serie de cortos animados disponibles en el canal Arte, de acceso gratuito. Una pequeña joya de la divulgación histórica que no se pueden perder.

Compartir el artículo

stats