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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Myriam Z. Albéniz

Desde la sala

Myriam Z. Albéniz

Mediar para remediar

Un año más, al llegar la fecha del 21 de enero me dispongo a difundir la celebración del Día Internacional de la Mediación. Se trata de una jornada cuyo objetivo continúa siendo dar a conocer de primera mano en qué consiste esta vía alternativa de resolución de conflictos y descubrir la posibilidad de alcanzar soluciones negociadas con la ayuda de un mediador o mediadora sin tener que acudir inevitablemente a la vía judicial. Es un procedimiento eficiente y susceptible de realizarse en poco tiempo de forma positiva, distinguiéndose además por su vocación de perdurabilidad, pues los pactos alcanzados entre las partes se mantienen a lo largo del tiempo. Supone la apuesta por la unión frente a la confrontación con miras a evitar la judicialización de las disputas y abre un nuevo horizonte a la Justicia, ya que promueve la «Cultura de la Paz» al constituir un método complementario sumamente idóneo para obtener la mejor tutela.

Su espectro de aplicación es prácticamente ilimitado, extendiéndose a los ámbitos mercantil, laboral, comunitario, penal, médico, escolar y, por supuesto, familiar, entre otros. En este último, siempre está orientada a la prevalencia del interés superior del menor y a la preservación de su bienestar psicológico. Entre sus múltiples ventajas, destaca la no utilización de los hijos e hijas como monedas de cambio, tentación muy recurrente en no pocos procedimientos de separación y divorcio. Para llevar a cabo esta labor profesional se deben poseer amplios conocimientos en distintas disciplinas provenientes del Derecho y la Psicología, además de una serie de cualidades tales como la flexibilidad, la tolerancia y la imparcialidad, no debiendo existir preferencia por que cualquiera de las partes resulte más favorecida que la otra en la negociación.

Características como la rapidez, la economía y la confidencialidad convierten a la Mediación en una opción muy recomendable, siendo un hecho contrastado que un elevado porcentaje de la ciudadanía prefiere resolver sus conflictos a través de un acuerdo, aunque les suponga realizar alguna concesión, y que sólo dos de cada diez personas son partidarias de trasladar sus discrepancias a los Tribunales. Además, sustituir la filosofía del litigio por la del acuerdo supone un notable ahorro de tiempo y de dinero e, incluso desde un punto de vista emocional, el grado de estrés que lleva aparejado es sustancialmente inferior al de cualquier proceso en sede judicial. 

No obstante, y a punto de cumplirse una década desde la implantación de la Ley 5/2012 de Mediación Civil y Mercantil, el reto continúa siendo transitar por este camino abordándolo como un proyecto común y seguir superando algunos recelos entre los distintos sectores a quienes concierne -abogados, psicólogos, pedagogos, trabajadores sociales o educadores sociales, entre otros-, dado que, para alcanzar el objetivo, el trabajo en equipo es fundamental.  A fin de neutralizar algunos argumentos que surgen todavía del escepticismo, cabe insistir en que esta actividad profesional no va en detrimento del ejercicio de la Abogacía, puesto que los propios letrados y letradas pueden acompañar a las partes durante el proceso de Mediación como figuras esenciales del mismo.

Aun así, por desgracia no resulta tan fácil como sería deseable acudir a esta opción para solventar conflictos en determinadas esferas, y la mera voluntariedad a la hora de recurrir a ella tampoco ha ayudado a la progresión ni al éxito que merece. Confiar más en esta vía derivaría sin duda en un notable descenso en la saturación de trabajo de los Juzgados, además de suponer un impulso a otra nueva y gratificante salida laboral para los jóvenes que culminan sus estudios universitarios. En ese sentido, ejemplos institucionales como el que se lleva a cabo desde la Diputación del Común de Canarias son dignos de reconocimiento y agradecimiento. Su decidida apuesta por la formación de su personal para incorporar esta alternativa a sus funciones ya está dando sus frutos. Ojalá este empeño fructifique de verdad, porque se precisa de una Justicia más humana, más cercana y más pacífica. 

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