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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Observatorio

Del sector social tradicional al nuevo emprendimiento

Cada vez hay más consumidores que cuando compran yogures, ropa, verdura o cerveza -por poner algunos ejemplos concretos- escogen el producto no solo en función de la calidad y el precio, sino también del impacto social y medioambiental que se genera durante el ciclo de vida de dicho producto -el proceso de producción, el consumo y el potencial reciclado-. Ciudadanos que intentan favorecer empresas que contratan a colectivos vulnerables, que apuestan por la producción ecológica, que reducen el uso de plásticos, que compran productos hechos con material reciclado, etc. Detrás de estos productos y servicios suele haber empresas sociales, que nacen con el objetivo de contribuir a solucionar algunos de los retos de nuestra sociedad a través de modelos de negocio sostenibles.

En un reciente estudio sobre la situación del emprendimiento social en Europa coordinado por Euclid Network (European Social Enterprise Monitor), se destacaba la diversidad de sectores en los que operan las empresas sociales, las diferentes formas jurídicas que adoptan y el creciente esfuerzo que realizan por medir el impacto social que generan. Desde el Esade Center for Social Impact fuimos los responsables del estudio en España y, además de estas conclusiones, también comprobamos que el sector del emprendimiento social en nuestro país bebe de dos fuentes importantes y complementarias: el legado del sector social tradicional y la nueva ola de emprendedores que incorporan la variable del impacto como elemento fundamental de sus proyectos empresariales.

El peso del sector social se nota en que casi la mitad de las empresas sociales del estudio fueron fundadas el siglo pasado y más de la mitad tienen forma de asociación o fundación. Muchas de estas organizaciones son empresas de inserción o centros especiales de empleo, que combinan los ingresos comerciales con las subvenciones públicas para ofrecer productos y servicios de calidad y competitivos. Estas empresas fueron innovadoras en su día, promoviendo modelos organizativos que combinan un enfoque de mercado con una clara misión de apoyar a colectivos vulnerables. Debido a sus características y los mercados en los que operan, a menudo son negocios de carácter local o regional. En paralelo, existe una hornada de emprendedores sociales que hacen un mayor uso de la tecnología, que miran a los mercados internacionales y que tienen un impacto más allá de los puestos de trabajo creados para personas con algún tipo de discapacidad. Son empresas que hacen calzado con residuos reciclados, que crean plataformas para combatir el desperdicio alimentario, que acercan la producción ecológica y de proximidad a los centros urbanos o que ofrecen alternativas con impacto social positivo en sectores como la energía, las finanzas o la movilidad.

El estudio demuestra que tanto unas empresas sociales como otras están incorporando cada vez más la medición del impacto que generan: tres cuartas partes lo miden con regularidad y un 27% utiliza certificaciones como la de B Corp o las de comercio justo. Lo interesante es que esta práctica de medición del impacto social no sea solo para comunicar o justificar su actividad ante los distintos grupos de interés, sino que forme parte de un proceso de aprendizaje sobre qué enfoques funcionan mejor que otros, de manera que las organizaciones puedan centrar sus operaciones en aquellos ámbitos con mayor impacto. Además, las empresas sociales son pioneras en temas de igualdad y diversidad, ya que por ejemplo las mujeres representan más del 50% del personal tanto en la plantilla como en los órganos de gobierno, e involucran de manera significativa a los empleados en la toma de decisiones de la organización.

En el momento actual de reconstrucción pospandémica, vale la pena recordar la importancia de este tipo de organizaciones que combinan el enfoque social y medioambiental con la sostenibilidad financiera. Todavía existen barreras importantes, como la falta de visibilidad ante el público general o el apoyo limitado que reciben de la Administración pública. Frente a modelos donde la responsabilidad del bienestar de la sociedad se deja únicamente al Estado, la filantropía o el mercado, el emprendimiento social supone un modelo híbrido donde los consumidores, los inversores, los legisladores y el sector público en general pueden apoyar a organizaciones que contribuyen de manera clara a una sociedad mejor para todos. El estudio europeo realizado por Euclid Network muestra que las empresas sociales se benefician en gran medida de la presencia de redes de apoyo, organizaciones sectoriales, programas de financiación e instituciones educativas que visibilizan y refuerzan el papel de estas empresas. Por este motivo, es importante que en España también reforcemos este ecosistema, de manera que aúne y proyecte los esfuerzos compartidos de tantas empresas sociales.

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