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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Lamberto Wägner

Tropezones

Lamberto Wägner

Breverías 98

Me topé esta mañana con una situación desmoralizadora, que seguro les resultará familiar.

Sentado en el coche con uno de esos amigos sabelotodo que casi siempre solemos tener en nuestro círculo de amistades, le di a la llave de encendido, sin conseguir que arrancara. Tras varias fallidas intentonas, con las consabidas agónicas toses del motor de arranque, posiblemente por batería baja, tuve que darme por vencido. Afortunadamente ahí estaba mi amigo para sacarme de apuros, asegurándome que al coche le faltaba aceite. A pesar del disparate de confundir un problema eléctrico con uno mecánico, me avine a que mi afanado amigo pasara a la acción, por el solo placer de ponerle en evidencia. Tras agenciarse una lata de aceite que casualmente tenía yo a mano, procedió a verter su contenido en el depósito. Por cierto superando el nivel aconsejado, prueba evidente de mi acertado diagnóstico que nada tenía que ver el aceite con nuestro predicamento. ¿Supongo que ya lo estarán viendo venir, verdad? Pues efectivamente. Le di de nuevo al encendido, y esta vez el motor arrancó mansamente, como un gato ronroneando.

¡Indistinguible del insufrible ronroneo de mi experto copiloto!

*

Estoy en una edad que me permite disfrutar de los nietos. Los más pequeños me sorprenden con su precocidad. Como el otro día, al comentar con uno de ellos las inquietantes andanzas del monstruo de Frankenstein me contesta, guiñándome un ojo: «¡Lo que pasa, abuelo, es que al pobre le faltaba un tornillo!».

Y cuando son ya mayores nos desconciertan de otra manera. Como la primogénita de mis nietas, en el trance de una entrevista de admisión a una universidad inglesa, que me apunta alguna de las preguntas psicotécnicas a las que ha de dar respuesta. Un caso práctico: un hombre quiere comprar un espejo para verse de cuerpo entero. ¿Qué tamaño ha de tener el espejo, lo más pequeño y barato, para poder verse de cuerpo entero? O bien, ¿cuántas pelotas de tenis cabrían en el edifico del parlamento? Al preguntarle a mi nieta que cómo tenía contadas las pelotas el entrevistador, me aclara que en este ejemplo la respuesta es irrelevante, lo que cuenta es la capacidad de análisis que demuestre el entrevistado, cubicando el edificio, calculando el volumen de cada pelota, y aplicando finalmente la llamada «densidad de empaquetamiento» para llegar a una cifra aproximada.

*

Y hablando de nietos espabilados, me contaban el caso de un conocido terrateniente, que tenía en venta unos terrenos rústicos en Fuerteventura, hace ya unos años de esto. Al ver que a pesar de haberlos rebajado a cuatro perras el metro cuadrado eran invendibles, se los había cedido a uno de sus nietos. ¡Que tras subir el precio a mil pesetas el metro, pudo comprobar cómo los turistas extranjeros ahora se los quitaban de las manos!

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