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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

Librerías con fantasmas

En las Islas desembarcan muchas chorradas en formato oportunidad que luego no dejan de ser fiascos o negras, como se les suele llamar por aquí. También hay anuncios en plan bienvenido, mister Marshall que acaban bajando por el sumidero. Valga el contexto para felicitarnos por la llegada a esta urbe de la Casa del Libro: primero, porque todavía hay atracción por estos templos de la letra impresa y el saber; y segundo, porque hay desapego por la lectura. Esta institución nació a principios del siglo pasado en su edificio emblemático de la Gran Vía de Madrid, a donde se va a tocar el lomo y las páginas, a buscar lo que no se encuentra en provincias y no se quiere pedir por e-commerce, y a solicitar el consejo de dependientes con conocimiento. Realmente son satisfacciones que se consiguen en la mayoría de las librerías, pero no todas pueden lucir una intrahistoria tan potente, cruzada por el convulso principio del XX, plagado de nombres afanados en cultivar la idea y la novela, unidos muchos de ellos en la llamada Generación del 14, iluminada por Ortega y Gasset. Las librerías son su fondo, pero sobre todo los fantasmas que las recorren de una punta a otra, entre las baldas apretadas. Cada vez son menos las que sobreviven y logran salir adelante frente a la competencia digital o el precio del papel. La Casa del Lector nació para popularizar el libro en un momento donde los salarios no daban para el lujo de la lectura. El objetivo era abaratar el producto y extender su consumo, un sueño tanto para los promotores del establecimiento como para los que se dedicaban a escribir, más bien con hambre y frío por la falta de ventas. Galdós se metió a librero de sus obras y creó una editorial, una iniciativa que le provocó más de un quebradero, aparte de un largo y cansino pleito judicial dada su mala cabeza para los negocios y las perras en general. La llegada de la firma a la ciudad nos conecta con el sepia de unos tiempos remotos donde el libro equivalía a heroicidad. La época no es la misma, pero ahora el libro, la lectura, siguen con otra guerra para subsistir.

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