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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Marrero Henríquez

Escritos antibélicos

José Manuel Marrero Henríquez

Nostalgia de futuro

Nopólemo ha escrito por encargo un largo ensayo sobre la relevancia de introducir en los estudios de las literaturas hispánicas el componente eco-pedagógico, componente que Nopólemo en verdad considera imprescindible en estos tiempos antropocénicos que corren tan llenos de amenazas medioambientales. Y aunque comulga plenamente con el tema del encargo, a Nopólemo le ha costado Dios y ayuda escribir ese ensayo porque no se le ocurrió otra cosa mejor que titularlo “Nostalgia de futuro” y porque, como un texto es la expansión de un título, como bien considera Gerard Genétte, pues ese título le resultó desde el principio muy difícil de expandir.

Podría haber cambiado el título por otro más fácil de desarrollar, por ejemplo, “Eco-pedagogía y literatura”, que expresa con claridad y concreción el asunto del que se va a tratar, o, por ejemplo, «La docencia reglada en el antropoceno», tan bien centrado en el asunto de la pedagogía ecológica y la enseñanza de la literatura, o, en fin, podría haber escogido otros de similar jaez: «La crisis ecológica en las aulas de literatura», «Las letras en favor del medioambiente», «Lecturas verdes». Podría haber escogido miles de títulos nítidos, cristalinos y fáciles de expandir, pero no, no se le ocurrió otra cosa mejor que títular «Nostalgia de futuro».

Nopólemo, que es voluntarioso y un punto testarudo, en lugar de intercambiar ese título con otro más sencillo, se empeñó en mantenerlo y, por ese empecinamiento, terminó costándole Dios y ayuda tirar de «Nostalgia de futuro» una hebra que le permitiera hilar y finalmente terminar el tejido del ensayo que le habían encargado escribir. ¿Por qué, entonces, vuelve a utilizar ese título, ahora para el que hace el número diez de sus escritos antibélicos?

Nopólemo no lo sabe, tal vez el título tenga voluntad propia y lo persiga, qui lo sa, pero el caso es que sin pensarlo dos veces lo ha colocado en el centro de la página y lo ha escrito. Y ello lo obliga a desarrollarlo, no en el marco de la eco-pedagogía del ensayo de marras, sino en el de sus escritos antibélicos, que nacieron con la idea de promover la paz y condenar la guerra. Y ahí, en ese campo de batalla que anhela la concordia, «Nostalgia de futuro» se revela contradictorio (no se puede tener nostalgia de algo que no ha sucedido) y exige una explicación que sea a la vez paradójica y oximorónica, una explicación paradójica que, por un lado, revele por qué la contradicción que contiene es sólo aparente, y una explicación oximorónica que, por otro lado, exprese de manera meridiana el sentido novedoso que adquieren los términos nostalgia y futuro una vez cancelada su aparente contradicción.

En el contexto bélico ruso-ucraniano la nostalgia de futuro apunta a la dificultad de Nopólemo para imaginar un porvenir pacífico y al deseo que tiene de concebir un mañana sin guerra. Y tal dificultad no es sólo culpa de la guerra rusa contra Ucrania, es también culpa de la omnipresente imaginería de la ferocidad, todo violencia y poco amor y poco humor. Nopólemo tiene nostalgia de futuro porque le cuesta evocar una ciudad en la que las pintadas se hacen con colores agradables y con motivos que invitan a la armonía, un mundo en el que la que la música popular pone a bailar a todo el mundo al son de letras positivas y alegres, un planeta en el que la conciencia colectiva sabe cuáles son los asuntos relevantes para el bien común.

Las figuraciones violentas ponen a todo el mundo de mal humor, en guardia y tenso sin ton ni son. Y a pesar de ser nocivas, a pesar de ser incómodas y desagradables, esas figuraciones, en gran medida salidas de la fábrica hollywoodiense y en no menor medida de sus imitaciones borreguiles, tienen éxito universal, y tienen éxito a pesar de que los escenarios estadounidenses y la juventud marginal norteamericana, blanca, negra y latina, ésa que viste con el calzoncillo por encima del pantalón y con visera de jugador de la NBA, nada tienen que ver con los paisajes y la juventud de Firgas, Tejeda, Arucas o Las Palmas de Gran Canaria. Nada salvo la gran cantidad de basura común que consumen todos en el televisor.

Hay que ser tonto, piensa Nopólemo, si no re-tonto, para no darse cuenta de que en las películas y series hay una insana, premeditada e insistente glorificación de las armas porque son las empresas que fabrican esas máquinas del terror las que financian esas películas y esas series con la finalidad de hacer pingües negocios. Y claro, con un poco de nostalgia de futuro, no van a poder tomar el pelo a nadie.

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