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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Reflexión

Telde, una ciudad olvidada

Cuando observamos otras ciudades de Gran Canaria como, por ejemplo, Arucas, Gáldar o Agüimes, nos damos cuenta que llevan un proceso de desarrollo equilibrado con avances que se notan en el día a día de los municipios.

Si analizamos la ciudad de Telde, nos encontramos con una sucesión de errores, obras paradas, calles en mal estado y edificaciones de servicios básicos sin concluir; el polideportivo, el hogar del pensionista y sobre todo las zonas de aparcamiento necesarias para el desarrollo del comercio y la comodidad de los ciudadanos y los visitantes.

Por si fuera poco, ahora se está creando un nuevo problema en Melenara con el cierre de los aparcamientos cercanos a la playa. Asunto que se pudo solucionar al crear el área de zona peatonal, planificando la ejecución de la zona de aparcamiento tan necesaria para la vida de la playa y de los establecimientos de hostelería de toda la zona.

En las ciudades antes mencionadas, la prioridad que se ha concedido a los aparcamientos es evidente. En Arucas existe un aparcamiento con más de mil plazas junto a la catedral. Igual que en Gáldar, con 500 plazas cerca de la iglesia. Agüimes lo mismo. Esto implica una reactivación de la zona peatonal, igualmente de la zona comercial.

Pero lo más sorprendente es la pasividad de los ciudadanos de Telde ante toda esta situación de incomodidad y falta de servicio. También sorprende que la asociación de comerciantes en Telde no salga a la calle a reclamar las dos mil plazas de aparcamiento, que están en suelo municipal a doscientos metros de la iglesia. Aparcamiento que lleva cerrado más de 20 años, y que da la sensación que seguirá así para proteger la zona comercial de la Mareta.

Una ciudad no pueda crecer sin contar con los servicios básicos. Sin el empuje de comerciantes y asociaciones para manifestar esta falta de respeto a la vida de los ciudadanos, Telde no saldrá de la situación actual de desidia.

El Ayuntamiento tiene que tener claro, que debe contar con una planificación ordenada y recogida en un calendario de obras, que debe ser apoyado por el Plan General de Ordenación, el cual lleva durmiendo en los cajones, sin la revisión necesaria, más de 20 años. Así es imposible que exista un seguimiento serio, y la prueba está en que la obra mencionada de Melenara, que se estaba ejecutando sin los correspondientes permisos y fuera de dirección del Plan General, ha sido parada y obligada a ejecutar su derribo, sin que nadie se haga responsable.

Es duro contemplar que año tras año, y llevamos casi 30 años con el mismo grupo político, no se observen avances ni criterios que lleven a pensar que la situación de nuestra ciudad pueda mejorar.

Es una pena ver cómo envejece una ciudad que va camino de convertirse en un pueblo, o lo que es peor, en un barrio de Las Palmas de Gran Canaria.

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