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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Lucas López

Punto de vista

Lucas López

Radio y educación

Trabaja usted en Radio Marien?», me pregunta una joven mujer sentada junto a mí en la guagua de Caribe Tours. No me sorprende, pues llevo puesta una gorra con el logo de la emisora jesuita de la zona fronteriza entre República Dominicana y Haití. «Colaboro», respondo ante el interés de Yésica. Vamos de Dajabón a La Vega. Por el camino, varios controles de inmigración han ralentizado nuestro avance, mientras los funcionarios nos piden documentación. La mayoría de las personas que viajan hoy son de origen haitiano y deben bajar de la cabina y mostrar a los funcionarios sus equipajes. Con tanto tiempo, es normal que la conversación con Yésica se alargue: «Me gusta mucho Radio Marien. Estudié en las escuelas radiofónicas y luego hice también mis cursos con el Centro Las Madres», me cuenta. Su relato nos llevará por su peripecia personal formativa: lo que supusieron las escuelas en su vida, lo que le ayuda escuchar Radio Marien, por internet, ahora que vive en Santo Domingo; del tiempo que estuvo en Tenerife, con un novio que luego resultó mal; del trabajo que hace ahora, de su hija que crece sana.

La visita a República Dominicana está cerca de concluir. Los objetivos están cumplidos: colaborar y participar en el Seminario de la READ (Red Internacional de Educación a Distancia para personas jóvenes y adultas) organizado en torno al 50 aniversario de las Escuelas Radiofónicas Santa María, y conocer las otras emisoras de la red de radios jesuitas: Marien, en Dajabón, y Magis, en San Cristóbal, la emisora vinculada al Instituto Tecnológico San Ignacio de Loyola.

«Vale que la radio educativa tuvo mucha importancia, pero, ¿hace falta hoy, cuando el sistema de educación primaria se ha generalizado?», me pregunta uno de los compañeros jesuitas que vive y trabaja en la frontera dominico haitiana. Desde que llegué a Dajabón, la cordialidad y hospitalidad de mis compañeros me sobrecoge. La conversación deriva en una reflexión sobre la misión actual de nuestras emisoras. Los datos son incontestables: en América Latina y el Caribe, cuatro de cada diez menores acaba su periodo educativo obligatorio sin alcanzar sus objetivos académicos y formativos. Sin embargo, el esfuerzo presupuestario en lo que podríamos llamar «escuelas de segunda oportunidad» (expresión usada oficialmente por primera vez en el ámbito del Libro Blanco de Educación de la Unión Europea, 1996) es poco significativo. De ese modo, la formación a lo largo de la vida, esa que, de algún modo, presupone las competencias básicas en lectoescritura, cálculo y ciudadanía, queda bloqueada para muchas personas porque el sistema fracasó durante su periodo escolar. La impresionante evolución de las metodologías y los recursos educativos actuales quedan así a disposición solo de quienes tienen éxito, promoviendo una brecha cultural creciente con quienes, por diversos motivos, fueron descartados. Es decir, sin una aplicación importante de la formación académica de personas adultas, a modo de escuela de segunda oportunidad, podemos encontrarnos con que nuestro sistema educativo colabora con eficacia a una desigualdad creciente.

Por otro lado, es una buena noticia el hecho de que muchos sistemas educativos nacionales estén consiguiendo reducir los índices de abandono temprano. Es importante describir esos procesos de éxito con el deseo de que sean adecuables a otras sociedades. Sin embargo, también se constata que la permanencia en el sistema educativo no significa, necesariamente, la consecución de aquellas competencias instrumentales, vivenciales y convivenciales necesarias para vivir la propia vida con responsabilidad, participación y colaborando en una sociedad inclusiva; muchas personas, incluso después de culminar con éxito su formación académica oficial, se encuentran sin los recursos personales necesarios para poder asumir su propia vida con libertad, fraternidad, responsabilidad y felicidad. Es decir, el desafío de la formación a lo largo de la vida va más allá de los buenos resultados en la educación obligatoria o en la formación académica postobligatoria. Los cambios sociales y culturales, así como las dificultades ordinarias de la vida y de nuestros sistemas políticos y económicos no siempre amables, hacen necesaria una formación continuada que nos ayude a ser más competentes en las demandas profesionales y más hábiles en la gestión de la propia vida y la convivencia. La felicidad, el sueño de todas y todos, pasa siempre por la formación, una formación que no acaba nunca. Y para esa función formativa la radio tiene un histórico y una experiencia envidiables.

Vine a La Vega porque es la ciudad donde se fundaron hace cincuenta años las Escuelas Radiofónicas Santa María, vinculadas a Radio Santa María. Tras años de experimentación inspirada en Radio Sutatenza, las Escuelas Radiofónicas nacieron cuando Rogelio Pedraz SJ tuvo conocimiento de la experiencia de Radio ECCA en Canarias. Con el apoyo de Francisco Villén, Luis Espina y el equipo de ECCA, en 1971 se puso en marcha la experiencia que, gracias a la red de presencias de la Compañía de Jesús, se expandió por buena parte de América Latina. Hoy, diez entidades vinculadas por la misma historia y metodología nacida en Canarias configuran la READ, Red Internacional de Educación a Distancia para personas jóvenes y adultas. La radio y la tecnología han estado siempre vinculadas a esta historia y a la misión educativa de nuestras entidades.

El invento de Tesla y Marconi parece resiliente ante los cambios de los tiempos. Asisto en Dajabón al programa Lo mejor de la mañana, conducido por Myriam Jiménez. Conversamos sobre el seminario tenido recientemente en La Vega. Mientras conversamos, ella misma recibe llamadas y mensajes por whatsapp que gestiona con habilidad. Myriam es una más que notable influencer en su ciudad. Los datos europeos sobre el uso de los medios de comunicación siguen mostrando a la radio como uno de los más usados cuando se trata de informarse sobre las cuestiones sociales, económicas, culturales y políticas, y el más creíble entre los medios (por encima de la televisión, la prensa escrita y, por supuesto, las redes sociales, que se asocian más con la niebla, la mentira). Ciertamente, la gente más joven tiene hábitos comunicativos más vinculados a las nuevas modalidades (tiktokers, youtubers, influencers…), pero la radio no queda obsoleta. El mundo empresarial y político así lo sabe y hace todo lo posible por usar sus virtudes. Ciertamente, hoy no hacemos radio como se hacía hace años. El uso de las nuevas tecnologías permite una hibridación con otros medios que enriquece la labor periodística y genera nuevos estilos; por otro lado, internet permite romper las barreras temporales y espaciales de la emisión en FM. Con todo, esa nueva radio, la hibridada y «a la carta», suma para que siga siendo un medio que por difusión y credibilidad se muestre extraordinariamente útil para la formación a lo largo de toda la vida.

Lo dicen los datos y también Yésica, mientras atendemos a otro control de migraciones, entre Dajabón y La Vega.

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