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Opinión | Entender + con la Historia

Peleas de gallos

Hace unos días la policía interceptó una furgoneta cargada de gallos de lucha. Pese a las prohibiciones, las peleas de estos animales todavía existen y dan continuidad a una actividad ancestral.

Los controles policiales están pensados para asegurar el buen funcionamiento de la vía y que los conductores cumplan las normas, pero poco se podían imaginar los Agentes de Tráfico que el martes de la semana pasada dieron el alto a una furgoneta que acabarían interceptando 57 gallos de pelea. Las pobres bestias tenían la cresta cortada, les habían arrancado muchas de las plumas y tenían los espolones largos. Periódicamente nos llegan noticias como esta o como la de marzo, cuando la policía cerró un local en Sabadell en el que se hacían luchas de gallos. Ahora es una práctica ilegal pero pese a su prohibición se siguen organizando encuentros clandestinos (excepto en Andalucía y Canarias, donde todavía se permiten).

Seguro que es una actividad muy alejada de la vida cotidiana de la mayoría de nosotros, pero tiene miles de años de historia y hunde sus raíces en el continente asiático. Se han encontrado representaciones artísticas y restos arqueológicos antiquísimos en zonas de la India y China. Al igual que ocurre ahora, la finalidad de forzar el enfrentamiento entre dos animales era ganar dinero mediante las apuestas. De hecho, los chinos eran muy aficionados a los combates entre animales y hace tres mil años también organizaban peleas de codornices, zorzales e incluso grillos (se ve que si los insectos no estaban de humor para vapulearse, les incordiaban con una pluma para que se volvieran agresivos).

Apuestas

Aquella actividad asiática habría llegado a Europa a través de Persia y Grecia, donde existen pruebas de que en el siglo VI aC ya organizaban combates de gallos. No es extraño, porque por mucho que tengamos la imagen de que eran unos demócratas muy civilizados (de esto podríamos hablar mucho), eran una cultura muy dada a las apuestas. Tanto o más que los romanos, que también incorporaron esta actividad entre sus pasatiempos predilectos hace unos dos mil años.

Sin embargo, en la Europa moderna el redescubrimiento de las peleas se hizo cuando Fernando de Magallanes llegó a Filipinas en el siglo XVI. Y fueron los propios colonizadores portugueses y españoles los que las exportaron a América, donde también tuvieron mucho éxito.

Mientras, en el Viejo Continente los más aficionados al tema eran los británicos, que desde el siglo XVII se convirtieron en un referente. Hasta el punto de que cuando en el siglo XIX se empezó a expandir por Barcelona, se utilizó la terminología inglesa para su promoción. El siempre recomendable blog Barcelofilia dedicado a la historia de la capital catalana aporta datos muy valiosos sobre la cuestión que nos ocupa hoy. Al ser una actividad pública y permitida, aparecía en la prensa. Por ejemplo, en noviembre de 1832 el Diario de Barcelona ya hablaba de ello. Entonces había una entidad llamada English Cock Fight que pronto se convirtió en el Circo Gallístico Barcelonés y que los domingos se encargaba de organizar combates en el Teatro Tívoli de la calle de Casp. Años más tarde, a finales del siglo XIX, surgieron otros como el Cock-pit Barcelonés, que al poco tiempo se cambió el nombre por Sport Gallístico Catalán. No debe sorprender el uso del término sport, porque entonces cualquier actividad que pretendía ser moderna y que era de origen anglosajón recurría a esta palabra. Por cierto, aquella entidad hacía las luchas en el Teatro Circo Español del Paral·lel todos los miércoles, viernes y domingos.

Seguro que si se llevara a cabo una buena investigación sistemática en la prensa que en aquella época se publicaba en otras localidades encontraríamos informaciones similares porque en aquellos tiempos muy poca gente tenía en cuenta el respeto a los derechos de los animales. De hecho, esa investigación también debería averiguar cuándo fue la primera vez que alguien empezó a levantar la voz reclamando que se detuviera esta salvajada, que no tiene otra finalidad que entretener a una gente que disfruta viendo cómo dos animales se intentan matar solo para que alguien gane un puñado de dinero con las apuestas. Afortunadamente, ahora es una actividad residual e inaceptable para la mayoría de la sociedad. Una buena prueba de que no siempre tiempos pasados han sido mejores

Creencias

Batallas y valores simbólicos

Más allá de las peleas, el gallo está presente en muchas civilizaciones y se le ha asociado a determinados valores simbólicos. Por ejemplo, en Grecia se le vinculaba al dios Príapo y a la virilidad masculina; en Roma, al dios de la guerra Marte porque siempre está alerta; y para los cristianos primigenios su canto anunciaba la luz de Cristo y alejaba las tinieblas.

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