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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Reflexión

¿Jugar al ajedrez con Rusia?

A quién se le habrá ocurrido? Es su deporte nacional. Un jugador está entrenado en no cometer los errores que se espera de ellos. Entonces, esta partida con Ucrania tiene mucha miga. Si en la lógica de un tablero de ajedrez, sacrificar una pieza es un movimiento del ajedrez, la pregunta es: ¿què jugador ha sacrificado una pieza? ¿Cuál era la posición más débil de partida?.

Quien puede dudar en el clásico juego sobre la moralidad, el papel de Estados Unidos y la OTAN en preparar el escenario para esta crisis. Un día la diplomacia mundial describirá «la defensa de Putin» como obtener en un contexto de declive, un cambio sustancial de las alianzas. Muchos días para un ajedrez ensangrentado con desabastecimiento de cereales para terceros que viven hora a hora en pésimas condiciones. Pérdidas humanas que deberán asumir tanto Rusia como Estados Unidos.

Inicialmente las acciones del universalismo de Rusia se atribuían a la naturaleza dictatorial del régimen de Putin con el régimen soviético de Stalin, pero hace unas semanas las comparaciones se realizan con Pedro el Grande, por su cara del terror, y fundador en el siglo XXVIII del imperio ruso. EE.UU. es obvio que batallò para «desintegrar» a la Unión Soviética y luego, ejercer sus influencias en las republicas jóvenes, por ejemplo, Georgia, y recientemente, Ucrania. El equivocado manejo de los conflictos en Oriente Medio por los norteamericanos facilitó que Rusia volviera a ocupar la escena internacional, como se ha visto en Siria.

En años se ha venido colocando a Rusia en una posición como si ya no contase, ora humillándola, ora simulando la benevolencia de un moribundo. A lo mejor para la política oficial americana toda estrategia consistía en alejar a Europa de Rusia. Lo cierto ha sido que la invasión ha desestabilizado la de por sí volátil región postsoviética, con graves consecuencias para la estructura de seguridad que ha gobernado Europa desde la década de 1990. El Consejo de Seguridad de la ONU ha brillado, una vez más, por su incapacidad para protegerlo. Ningún pueblo está seguro. Y estamos lejos de aquellas décadas del interés norteamericano por América Latina.

En la última década la penetración de Rusia y China en África, uno se encarga del 30% de las exportaciones de armamentos y tropas mercenarias y el otro con sus relaciones comerciales. La mayoría de los países africanos han intentado evitar la condena a la invasión rusa. Putin ha tenido que justificar que la culpa de que el grano no llegue a los países de la región es de Kiev y Occidente.

Probablemente un factor de peso en el tablero será los peones: las dinámicas o la pasividad de la sociedad rusa y la recolocación de Rusia como actor en el equilibrio entre potencias. O bien, el jaque mate lo dará el “huracán de hambruna” que anunció el presidente de Senegal.

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