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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Xavier Carmaniu Mainadé

Entender + con la Historia

Xavier Carmaniu Mainadé

El Tour, ciclismo para hacer país

El Tour de Francia es una de las competiciones deportivas más populares del mundo y la reina de todas las carreras ciclistas. Hoy, que comienza la edición 2022, es un buen momento para descubrir algunos secretos de su historia.

Hoy empieza el mayor espectáculo ciclista del mundo. Hasta el 24 de julio circularán por las carreteras francesas un grupo de deportistas que a golpe de pedal recorrerán más de 3.300 kilómetros hasta llegar a París, donde el ganador vestirá el mítico jersey amarillo.

El Tour de Francia es una competición cargada de liturgia y tradición. Y llena de detalles que ilustran el papel que puede tener el deporte a la hora de ayudar a construir y fortalecer una identidad nacional; porque aunque haya quien diga que no hay que mezclar deporte con la política, siempre –desde el tiempo de los griegos– han ido de la mano y la vuelta al Hexágono no es una excepción.

La revista ‘L’Auto’

A finales del siglo XIX, el ciclismo se puso de moda. Primero con esas bicicletas con la gran rueda delantera que ahora encontramos tan extravagantes y después con los modelos similares a las actuales. En todas partes proliferaron clubes y publicaciones especializadas. En Francia, por ejemplo, había la revista Le Vélo, donde sobresalía un periodista llamado Géo Lefèvre. Sus crónicas llamaron la atención de Henri Desgrange, director de la cabecera rival, llamada L’Auto y le fichó. En una de las conversaciones para ver cómo aumentar las ventas, el redactor le propuso organizar una competición ciclista de ámbito estatal. Hasta ese momento las carreras eran regionales y eso suponía un reto enorme que Desgrange aceptó con tal de que el propio Lefèvre se hiciera cargo de la iniciativa.

El primer Tour se celebró en 1903 y solo tuvo seis etapas, que enlazaron a Lyon, Marsella, Toulouse, Burdeos, Nantes y París. Durante el recorrido la acogida del paso del pelotón fue bastante fría, pero en cambio en la capital fue una locura que se tradujo en un éxito de ventas para L’Auto. Al año siguiente la cosa no fue mejor porque mucha gente no sentía la carrera como una cosa propia si no más bien como una imposición desde París. Pero Lefèvre supo dar la vuelta a la situación. Amplió el recorrido para que llegara a todo el país y, además, la competición se vendió a la opinión pública como una actividad para jóvenes vitalistas, deportistas y modernos. Y todo esto acompañado de un mensaje ideológico, apelando al patriotismo de los franceses. Para reafirmar esta idea, la prueba pasó por las regiones de Alsacia y Lorena, que habían sido anexionadas por Prusia durante la guerra de 1871 y que los galos siempre habían considerado como parte de su territorio nacional.

Ahora bien, también debe admitirse que entonces el Tour era algo muy modesto. Los medios eran escasos y las restrictivas reglas estaban poco pensadas para favorecer el espectáculo. Por ejemplo, estaba prohibido que los ciclistas recibieran asistencia técnica en caso de avería. Fue especialmente famoso el caso de Eugène Christophe a quien en 1913, cuando era el líder destacado de la clasificación, se le rompió la horquilla delantera y tres jueces le estuvieron vigilando para que lo arreglara solo. Aunque lo logró, terminó por perder la carrera. Además, las carreteras estaban en un pésimo estado y aún lo complicaba más. En la edición de 1919, cuando el Tour se reanudó después de la Primera Guerra Mundial, solo completaron la ronda 11 corredores.

Por cierto, aquel fue el primer año que se le dio un jersey amarillo al ganador. Se escogió ese color porque era el corporativo de L’Auto, y que mantendría L’Équipe, nombre que adoptó la cabecera después de la Segunda Guerra Mundial.

Durante ese tiempo también fue cuando se empezó a poner en marcha la caravana publicitaria que hacía el mismo recorrido que los ciclistas pero una hora antes. Para las marcas eso era un modo de anunciarse y para L’Auto una jugosa fuente de ingresos. Y sigue funcionando porque a pesar de las tecnologías digitales, se sigue haciendo. Y el Tour sigue siendo una herramienta para hacer país. Basta con sentarse frente la tele y esperar a que el helicóptero nos ofrezca imágenes de lugares maravillosos. Una forma muy hábil de promocionar el país para la audiencia extranjera y de seguir insuflando (aún más) orgullo a los franceses.

Jersey

Las iniciales de Henri Desgrange

Aparte de mantener el color amarillo de L’Équipe, el jersey de líder tiene un pequeño detalle muy especial: lleva las iniciales H.D., de Henri Desgrange, para recordar el impulsor de esta carrera. En el diseño de 2022 están en la parte frontal, muy cerca de la cintura, enmarcadas por un pequeño mapa de Francia acompañado de la frase «el jersey es el trofeo».

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