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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Lamberto Wägner

Tropezones

Lamberto Wägner

Ambivalentes Noruegos

Hace unas semanas se publicó un curioso editorial. en la prensa noruega según el cual merced al corte de suministro de gas y petróleo rusos, los noruegos se estaban forrando, aumentando al máximo su producción. Pero lo peculiar del escrito era su tono contrito, como pidiendo disculpas por tal circunstancia.

Lo que podría parecer una hipocresía no lo es tanto si consideramos la peculiar postura del país ante los recursos de hidrocarburos del mar del norte, su gallina de los huevos de oro.

Ya en el año 1979 el gobierno noruego estuvo a punto de renunciar a la mayor parte de sus cuadrículas de explotación, intercambiándolas con las acciones de la empresa Volvo. Sólo la miopía empresarial del consejo de administración de la compañía sueca truncó una operación que habría hecho de Suecia, y no de Noruega como ocurrió más tarde, el país más rico de Europa. Con los años Noruega atesoró el fondo soberano nacional más grande del mundo, incluso superando al de Arabia Saudí.

Pero desde el primer momento los noruegos parecían querer redimirse de una riqueza providencial si bien merced a la explotación de unos recursos contaminantes. Por ello simultanearon la eficiente y costosa extracción de hidrocarburos con una paradójica política conservacionista. La gasolina de sus surtidores fue durante años la más cara de Europa, y posiblemente del mundo. En los estatutos del aprovechamiento de los ingresos pronto se incluyó la obligación de invertir en energías alternativas, renovables y sostenibles. Pero donde sin duda más claramente se plasmó esa voluntad de compensar su pecaminosa actividad petrolífera fue en la electrificación de su parque móvil. Ya en 2001 se lió la manta a la cabeza y creó la primera marca de coches eléctricos el ”Think City”, compitiendo con grandes nombres como Tesla, Nissan o Mitsubishi. Aunque llegara a fabricar 2500 unidades hasta finales de 2010, de los cuales alguno se exportara a España, por cierto gracias a la representación a cargo de mi yerno, su diseño algo primitivo de 2+2 plazas con velocidad máxima de 110 km/h y una autonomía de 160 km condenó a la compañía al fracaso, quebrando poco tiempo después.

Pero este afán de electrificar su flota de vehículos no ha hecho sino intensificarse. Desde hace años es el país con más coches eléctricos del mundo, ello debido princi- palmente a una focalizada política de facilitar su adquisición: reducción de tasas, eli-

minación del impuesto de matriculación, aparcamientos gratuitos, e incluso durante un tiempo un carril propio para propulsión eléctrica en las autovías. Esta voluntad de fomentar el uso del vehículo eléctrico tiene un firme propósito de eliminar el coche de combustión fósil en pocos años. De hecho si a finales del 2021 de 10 coches matriculados 9 eran eléctricos, este objetivo no parece muy lejano. Y por supuesto que una política llevada a rajatabla sin cargos impositivos algunos no sale gratis. Pero ya me dirán Uds., con un fondo soberano superior al P.I.B. del país de todo un año, ahí me las den todas.

Supongo que me es difícil ocultar mi sana envidia sueca de mis vecinos colindantes.

Como antídoto voy a tomarme unas semanas libres de estos escritos, ”por descanso del personal”. Aunque no puedo descartar que el personal más necesitado de descanso puedan ser en este caso mis posibles lectores.

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