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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Meryem El Mehdati

Venga, circule

Meryem El Mehdati

@arrobameryem

Salvar [inserte un sustantivo común o propio]

De vez en cuando alguien otea el horizonte y decide que lo que nos hace falta aquí es otro buen hotel con su buena piscina y sus buenos turistas. Si no es un hotel, es un campo de golf en tierra árida, no pregunten de dónde se sacará el agua para regar todo eso, no sean impertinentes. Si no es un campo de golf, es un macroproyecto turístico del que es preferible desconocer todo detalle, pues cada migaja de información correría el riesgo de aguarnos el café, la mañana o el humor. No mirar arriba con tanta cartelería luminosa en mitad de la noche podría considerarse un deporte olímpico. Comenta la ministra de Ciencia e Innovación, Diana Morant, que quiere que Canarias sea 100% renovable y que en las islas se proteja la biodiversidad marina. Lo cierto es que a mí me da la risa un poco, no sé. Lo dice en Tenerife porque vino esta semana a firmar el Pacto por la Ciencia e Innovación con el presidente de estas islas nuestras, Ángel Víctor Torres. Digo que me da un poco la risa porque mientras ellos firmaban un pacto en el que se habla de impulsar el trabajo científico en lo referente a nuestros fondos marinos, nuestra biodiversidad y las energías renovables, 7 personas se atrincheraban en una de las palas de las máquinas que están en el Puertito de Adeje para las obras del proyecto Cuna del Alma. La ministra y el presidente del Gobierno Canario se sacaron un par de fotos, chas, chas y dientes, dientes, que es lo que les jode.

¿Sabrá la ministra que en cinco años Canarias perdió el 90% de la biomasa de sus peces? Supongo que sí porque es su trabajo, pero me volví descreída y desconfiada con el tiempo, lo lamento. Si cinco décadas de sobreexplotación de recursos naturales no eran suficientes, les añadimos los vertidos de aguas residuales, la monstruosa, exagerada y asfixiante ocupación de la costa y el cambio climático, que resulta que no es real sino un invento de PRISA y dale, Biza, explótame la pista. ¿Circuitos del motor? Los intentamos traer. ¿Urbanizaciones privadas para inversores belgas? Las construimos. ¿Un macroproyecto hidráulico que implica vertidos de 2700 metros cúbicos diarios de salmuera en la franja marina de Mogán? Estupendo. En 2019 se declara la emergencia climática para proteger el medio natural y en 2022 un señor se sube a su máquina en unas obras que salieron adelante con informes falsos, azuza la pala contra un activista que se está manifestando para salvar lo poco que queda sin prostituir de su tierra y aquí no pasa nada. Tenemos un Pacto por la Ciencia firmado, menos da una piedra. Me pregunto hasta cuándo seguiremos apostándolo todo a un modelo que nos demuestra día sí y día también que es incompatible con la vida.

Por las redes sociales que frecuento circula un meme que me produce mucha angustia y tristeza. Cada vez que lo recibo me dan ganas de coger el móvil y estamparlo contra la pared más cercana. La imagen es la siguiente: Lisa, un personaje de la serie Los Simpson, está hecha un ovillo en el suelo. Tiene los ojos inyectados en sangre y sufre un evidente estado de agitación. La rodean los logos de las siguientes campañas: Salvar Chiria-Soria, Salvar al lagarto Tamarán, Plataforma ciudadana – Salvar Fonsalía, Expoliadora Cuna del Alma – Tumba del Alma Guanche, Salvar Quintanilla, El barranco de la mina se muere, Salvar Agaete – Sin Macromuelle, Salvar el Puertito, Salvar La Tejita, Circuito de Tenerife. Todas forman parte de iniciativas ciudadanas, porque al final del día los que ponen la cara y el cuerpo por su tierra nunca salen en las fotos ni firman pactos, sino que convocan manifestaciones, recogen firmas o se encadenan a las máquinas. Da algo de miedo irse a dormir y amanecer con una excavadora en la puerta de casa sacando la tierra del suelo porque a un holandés se le antojó una piscina justo allí, y como el turismo trae mucha riqueza a nuestras islas qué menos que doblarnos por la mitad, hacer una reverencia y abandonar nuestra propia casa para dársela a un tal Van der Boben. Ahora vaya y métase los bolsillos en las manos, rebusque y pregúntese si es usted millonario. No será porque no se está haciendo un esfuerzo sobrehumano por vender cada metro cuadrado de estas islas.

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