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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Hola de calendario

El riesgo de las dos globalizaciones

Javier Solana, sucesivamente secretario general de la OTAN en los noventa y, posteriormente, Alto Representante de la UE para la Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea, está ya hoy retirado, aunque sigue presidiendo el EsadeGeo, el Centro de Economía Global y Geopolítica. Y aunque está en las redes sociales, es más frecuente escuchar sus valiosas opiniones fuera de España que en los medios de aquí.

Viene esto a cuento de que, hace unos días, ha aparecido en la prensa internacional una jugosa entrevista a Solana que le ha realizado Nina L. Jruschova, nieta del mandatario ruso Jruschov, profesora de asuntos internacionales en The New School de Nueva York. En ella, Solana traza el rumbo que ha seguido Moscú desde que en mayo de 1997 él mismo, en representación de la UE, y el ministro de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa, Yevgeni Primakov, firmaron el Acta Fundacional sobre Relaciones Mutuas, cuando Yeltsin era todavía presidente de Rusia. Se creó un consejo OTAN-Rusia y Moscú aceptó la apertura inicial de la OTAN, que comenzó en la cumbre de la Alianza de Madrid de junio de 1977, con el inicio del proceso de adhesión de tres países, Polonia, Hungría y la República Checa.

Aquel acuerdo fue considerado un éxito, pero pronto se abrió paso la tesis de que Yeltsin no había comprendido bien el alcance de lo que había firmado su ministro. Y en todo caso, después de la reunificación alemana de 1990 Occidente le prometió a Rusia que la OTAN no se expandiría hacia el este. Solana piensa que el cambio de perspectiva de Putin tuvo que ver también con los atentados terroristas del 11-S de 2001 que transformaron la política exterior de los Estados Unidos y pusieron la lucha antiterrorista en el centro de la diana, olvidando Washington los restantes problemas geoestratégicos abiertos. En 2001, China ingresó en la OMC, lo que supuso para el país asiático un gran impulso económico. Ambos factores llevaron a pensar a Putin que Rusia ya no recibía la consideración de gran potencia y de que occidente minusvaloraba su papel en el escenario mundial.

La entrevista repasa la Conferencia de Seguridad en Múnich de 2007, en la que Putin ya dijo que la expansión de la OTAN era una «provocación grave» que reducía «la confianza mutua». Igualmente, examina la evolución de Ucrania, que en 2004 celebró elecciones presidenciales que hubo que repetir porque la llamada Revolución Naranja consideró un pucherazo la victoria el candidato ruso frente a Yushchenko; este ganó las segundas elecciones, pero no se atrevió a firmar un precontrato de adhesión de Ucrania a la UE por presiones rusas… En 2014 Rusia invadió Crimea y ocupó el Donbas con escasa reacción occidental… Solo un invidente podría decir que se no se veía venir la ocupación de Ucrania, a cargo de un personaje como Putin,

Solana destaca el éxito de la reciente cumbre de la OTAN en Madrid, que ha abierto la puerta a Finlandia y Suecia, un traspiés objetivo para Putin. Pero Jruschova objeta que arrecia en la prensa rusa y china la idea de que la OTAN no es una organización defensiva puesto que pretende implantar la hegemonía de EE.UU., por lo que “una presencia cada vez mayor de la OTAN en el mundo, como en Asia-Pacífico, podría promover la división del mundo en bloques adversarios, considerando el desafío estratégico que plantea china con la reclamación ardorosa de Taiwan.

Solana admite el argumento y señala que “occidente debe ser claro en ofrecer a seguir hablando y cooperando [con China] para evitar precisamente ese desenlace. De hecho, evitar tal desacoplamiento global es el mayor desafío que enfrenta el mundo hoy día”. Porque “un cambio a “dos globalizaciones”, una organizada alrededor de EE.UU. y otra alrededor de China, tendría consecuencias nefastas, porque ninguna de las partes podría abordar los desafíos globales, como el cambio climático, sin la otra”.

Este es el gran riesgo de corremos. Aunque una Tercera Guerra Mundial sea altamente improbable, no lo es en absoluto una fractura de la globalización en dos. Y eso ha de ser evitado si realmente se quieren resolver los problemas vitales de la humanidad.

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