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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Elizabeth López Caballero

El lápiz de la luna

Elizabeth López Caballero

La caída de la natalidad y el auge de la ignorancia

Hace unos días estaba felizmente sentada en una terraza de Oviedo cuando escucho el sonido del móvil que indica la llegada de un WhatsApp. Mi cuñado Ignacio, conocedor de mi indiferencia hacia la maternidad, me envía la Carta al director del ABC que, como supongo, ya todos conocen. En ella, grosso modo, se hablaba de la caída de la natalidad y sus causas, cómo no, recaían en las mujeres libertinas y frívolas que no quieren tener descendencia porque prefieren hacer deporte, tatuarse o cuidar perros. También hablaba el autor de tremenda epístola misógina de que ya no hay mujeres femeninas y honradísimas entregadas a sus maridos. Me harté a reír al leer semejante burrada y juro que fue por el contenido de la carta y no por la sidra. Puse el tema sobre la mesa y, por suerte, aún quedan hombres sensatos, pues mi marido comentó que no podría tener una relación en la que el fin último de su pareja fuera «atenderlo». Touché. Me parece asombroso (o no) que aún haya quien piense así. Que sí, que haberlos haylos… Yo decidí que no quería ser madre con quince años. ¿Las causas? Ni el deporte, ni los tatuajes ni los perros. Más bien fue mi temprana ambición académica y laboral, además de saber que el hecho de tener un útero no me obligaba a ser madre, sino que me daba esa posibilidad. Los hombres tienen los testículos llenos de espermatozoides fecundadores; sin embargo, no se les confiere la «obligación» de fecundar y mucho menos se les «culpa» de la caída de la natalidad. En ellos se entiende esa «posibilidad» de ser padres, pero no la «obligación». Cuando menos curioso, ¿no les parece? Lo que me fastidia es que no haya comentado que las causas de la caída de la natalidad estén asociadas a que las mujeres cada vez entran más tarde al mercado laboral, sobre todo, porque las millennials han tenido que sobrevivir a tres crisis en apenas quince años: la de 2008, la del covid y, ahora, la producida por la funesta guerra de Ucrania. Además de que los sueldos, por muy formada que estés, son precarios y, claro, se espera de nosotras que si vamos a ser madres podamos cubrir todas las necesidades de nuestro retoño, ¡ah!, y sin vivir con tus padres. Obvia el autor de esas líneas que estamos en una era en la que la mujer quiere apostar por su carrera laboral y consolidarse, en el ámbito que sea, demostrando que es tan válida como un hombre. Excluye, al mismo tiempo, que eso de la conciliación es para partirse de risa, por tanto, se les pone en la tesitura de elegir y, ¿saben qué?, que me parece muy bien que apuesten por sus sueños, ya sea el de tener hijos como el de no tenerlos. Por tanto, me resulta mezquino, repugnante e irrisorio que nos culpen de la caída de la natalidad y las causas estén en nuestro deseo de convertir nuestro cuerpo en un cómic (que tenemos derecho a ello), cuidar perros o matarnos en el gimnasio, porque habrá que decirles a los australopithecus que nuestra vida, por fin, es solo nuestra. Nosotras decidimos y no estamos dispuestas a dar un paso atrás.

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