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Quinientos años del regreso de Elcano

Al volver, y tras fondear en Cabo Verde, surcó las aguas canarias con la nao ‘Victoria’, para culminar su aventura en Sanlúcar de Barrameda

El 6 de septiembre de 1522 entraba en Sanlúcar de Barrameda la nao Victoria al mando de Juan Sebastián Elcano con veintiún hombres, dieciocho de los cuales habían dado la vuelta al mundo (los otros tres eran indígenas de las Molucas), cuando ya nadie los esperaba después de más de mil días de aventuras en la mar.

Juan Sebastián Elcano no iba a ser el héroe de esta empresa. Ese papel correspondía a su promotor Fernando de Magallanes que había muerto hacía algo más de un año en la isla de Mactán. Por otra parte, nadie hubiera apostado por Elcano como sucesor de Magallanes. Toda una serie de circunstancias se tenían que haber producido para que fuera el vasco el hombre que se llevaría los honores de la hazaña. Veamos lo que ocurrió.

Juan Sebastián Elcano nació en Guetaria (Guipúzcoa), en torno a 1487. Lo sabemos porque se ha conservado un documento de 1519 en el que afirmaba tener unos 32 años.

Su padre, Domingo Sebastián Elcano, era un hombre de mar que murió joven. Su madre, Catalina del Puerto se hizo cargo de sus ocho hijos. Poco más se sabe de su niñez y juventud. Probablemente empezó muy joven con algún oficio de la mar, quizá pescador o marinero, pero pronto prosperó ya que llegó a ser propietario de un barco con el que sirvió a la Corona desde Alicante en las guerras de Italia y de África.

Parece ser que vendió dicho barco a unos comerciantes extranjeros, lo que estaba prohibido por ley, con lo que se convirtió en prófugo y buscando fortuna llegó a Sevilla a tiempo para enrolarse en la Armada de la Especiería. Su experiencia le valió un puesto de piloto en la nao Victoria.

Durante el viaje el nombre de Elcano salta a la palestra en el motín de San Julián en el que se posiciona contra Magallanes, pero es amnistiado por éste y continúa en su puesto. Aparece de nuevo tras la muerte del portugués y la matanza propiciada por el sultán de Cebú.

Los tripulantes restantes huyeron en las tres naves que les quedaban hacia la cercana isla de Bohol, donde dado que no tenían suficientes hombres para gobernar las naves, decidieron quemar La Concepción que era la que peor estaba.

Eligieron a sus nuevos capitanes: Juan Sebastián Elcano y Gonzalo Gómez de Espinosa quedaron al mando de Victoria y Lopes Carvalho fue designado comandante de la flota y obtuvo el mando de La Trinidad.

Tras algunas jornadas de navegación, este último no convenció en sus decisiones y Gómez de Espinosa pasó a ser el capitán de la La Trinidad quedando la Victoria a cargo de Elcano.

Las dos naves pusieron rumbo a las Molucas y arribaron al puerto de Tidore donde fueron bien recibidos y consiguieron las especias que habían ido a buscar. En la «Victoria» se embarcaron setecientas toneladas de clavo.

El 21 de diciembre de 1521 vuelven a navegar, esta vez con destino a España, La Trinidad hacia el Este intentando arribar a Panamá, la Victoria hacia el Oeste, hacia el cabo de Buena Esperanza, ruta más conocida y fácil (o menos dificultosa al menos que la que acababan de vivir).

La primera fue capturada por nuestros vecinos de Península y nunca regresó, aunque su capitán, Gonzalo Gómez de Espinosa, llegó a España casi seis años después.

La Victoria siguiendo un rumbo suroeste, recala en diferentes islas, donde repararon la nave y se aprovisionaron. Alcanzaron la isla de Timor y, a principios de febrero de 1522, se adentraron en el Índico. Continuaron rumbo hacia el cabo de las Tormentas, el actual cabo de Buena Esperanza, que consiguieron superar el 18 de mayo de 1522.

El 9 de julio avistaron las islas portuguesas de Cabo Verde y Elcano decidió realizar una escala en la isla Santiago. Haciéndose pasar por una nave que regresaba de América, consiguieron agua y alimentos frescos yendo y viniendo con un bote del barco a tierra.

Al tardar en regresar la barca pensaron que los habían descubierto y tuvieron que partir con celeridad, dejando en tierra a 13 tripulantes, que fueron hechos prisioneros por los portugueses. En esta escala advierten que han perdido un día.

Nos dice Pigafetta: «Reiteramos a los de la falúa que, una vez en tierra, preguntaran en qué día estábamos; dijéronles los portugueses que jueves para ellos, y se maravillaron mucho, pues para nuestras cuentas era miércoles sólo y no podían hacerse a la idea de que hubiésemos errado. Yo mismo había escrito cada día sin interrupción, por no haberme faltado la salud. Pero, como después nos fue advertido, no hubo error, sino que, habiendo efectuado el viaje todo rumbo a occidente, y regresando al lugar de partida (como hace el sol, con exactitud), nos llevaba el sol veinticuatro horas de adelanto, como claramente se ve».

Después navegaron por aguas de Canarias: Del Derrotero de Francisco de Alba: «A los 28 del dicho (julio, 1522), tomé el Sol en 84o 3/4, tenía de declinación 16o 46’, vino a ser la derrota fue el Nornoroeste. Estaba con Tenerife Estenordeste – Oessudoeste (sic), y el día fue lunes».

El 4 de septiembre divisaron el cabo de San Vicente, y, como indiqué, dos días más tarde fondearon en el puerto de Sanlúcar: habían culminado la primera vuelta al mundo.

Elcano escribe a Carlos V y le solicita el hábito de Santiago, un signo de nobleza, y una pensión entre otras cosas. Se le concede entonces un escudo de armas en el que se representaba dos ramas de canela cruzadas, junto con nueces moscadas y clavos de especia, realzado con un casco y la esfera terrestre circundada por la inscripción: Primus circumdedisti me (fuiste el primero en rodearme). Además de una pequeña pensión que nunca cobró. Al resto de la tripulación y a las familias de los fallecidos, nada.

El marino de Guetaria murió en otra expedición que se organizó en 1525 para socorrer a los marineros de La Trinidad que quedaron en la Especiería. No consiguieron su objetivo, pero aquellos hombres fueron volviendo, muy pocos, a España. Hubo en total unos noventa y tres supervivientes.

Ni siquiera está claro que fueran los primeros en dar la vuelta al mundo. Algunos dicen que Magallanes ya había estado en Luzón, donde murió, por lo que habría completado la circunferencia antes que nadie.

Otros, añaden, que el esclavo del almirante, Enrique de Malaca, era natural de esas islas y que, por tanto, con seguridad él era el primer navegante en completar la vuelta al globo. Quizá algún otro tripulante era de más al Oeste. ¿Quién lo sabe?

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