Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Tropezones

Breverías 107

Se dice del cuento de Voltaire «Micromégas», escrito a mediados del siglo XVIII, que representa el primer relato del género de ciencia ficción.

Lo he estado releyendo y la sensación principal que me embarga es la ternura. La historia va de un habitante de un planeta de Sirio, el tal Micromegas, que además de dominar todas las técnicas del transporte interplanetario, y de medir nada menos que 40 km de alto, consigue viajar hasta la tierra y contactar con los humanos. No voy a revelar más detalles del encuentro, pero no podía dejar de pensar en cual podría ser la reacción de M. Voltaire si se asomara hoy a nuestro mundo: para lo micro lo llevaría- mos a pocos kilómetros de donde vivía en su castillo, al CERN, el Centro de Investigaciones nucleares de Ginebra, donde le mostrarían las 40 y pico partículas subatómicas investigadas hasta le fecha por el colisionador de hadrones, con el bosón de Higgs como protagonista. Y para lo macro le exhibiríamos las últimas fotografías del observatorio Webb que han conseguido plasmar las imágenes de galaxias que han tardado 4.600 años en llegar a nosotros. No sé yo si despertaremos la misma ternura en los descendientes que nos estudien dentro de otros cuatro siglos, porque tampoco tengo claro que para entonces quede alguien aquí para estudiarnos.

*

Creo desenvolverme bastante bien en Londres, y con la experiencia adquirida a lo largo de años de frecuentes estancias en la ciudad, no me incomoda ni siquiera orientar sobre cualquier dirección que me pueda solicitar algún turista despistado.

Pero un episodio ocurrido en mi última visita me ha venido a aclarar que todavía estoy lejos de convertirme en un «Londoner».

Necesitado de pañuelos, me vi en la necesidad de buscar en algún comercio. Al estar en Oxford Street, tenía varias tiendas a mi disposición, donde fui inquiriendo sin éxito pues «no trabajaban el género». Me encaminé pues a unos grandes almacenes próximos. que resultaron ser Selfridges. Aunque de una categoría casi similar a la de Harrod´s, no me imaginé que no trabajaran un complemento tan universal. Pero así era. Tras multiples indagaciones me remitieeron a una sección de alta moda, no sé si Hermes o parecida, donde muy obsequiosamente me ofrecieron un pañuelo de 20x20 cm, de seda al tacto, y con un dibujo muy exclusivo. Precio: 65 £.

Aunque la divisa inglesa ya no es lo que era, estamos hablando de 76 Euros. De modo que cuando iba a desistir se me acercó un dependiente que muy atento me preguntó si tal vez lo que yo necesitaba eran unos pañuelos. Algo perplejo, pero sin ganas de polemizar, le confirmé que precisamente eso era lo que buscaba. Con gran amabilidad me encarriló hacia otros grandes almacenes en la misma calle donde no le cabía duda que sabrían atenderme. No hizo falta que me aclarara que no se piden huevos fritos en el Maxim´s. Así que me encaminé a John Lewis, donde me despacharon sin problemas media docena de unidades modelo Windsor, por 9 £.

Lo malo es que ni siquiera pude restañar mi orgullo comprometido recabando alguna muestra de esimpatía de mis amigos. El comentario más benévolo era por el estilo de «¿pero tú estás tonto, o qué? ¡Haberte comprado unos kleenex!».

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents