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Elizabeth López Caballero

El lápiz de la luna

Elizabeth López Caballero

Elegancia y humanidad

Federer se despidió de las pistas de tenis tras una trayectoria de dos décadas impecable. Para los amantes de este deporte es una gran pérdida. Al igual que para su compañero, amigo y adversario Rafa Nadal, quien dijo que, con la marcha de Roger, se iba una parte de él. Pero no es de la retirada del deportista de lo que quiero hablar en este artículo, sino de la preciosa imagen de ambos jugadores cogidos de la mano y llorando por lo que significaba para ellos ese momento. Federer y Rafa se han enfrentado muchísimas veces con la certeza de que la derrota de uno era el triunfo del otro. Aun así, daban lo mejor de sí mismos dentro y fuera de la pista. Porque la rivalidad sana existe. Porque cuando aplaudes la victoria de otro, algo en ti también triunfa por dentro. Varios políticos, cuando la imagen voló por las redes sociales, hablaron del éxito de las nuevas masculinidades. De la importancia de que los hombres se permitan llorar y vivir y expresar sus emociones en una sociedad que, pese a los avances, sigue muy encorsetada en la idea de cómo debe ser un hombre. Creo que es la primera vez que estoy de acuerdo con los políticos que nos representan. La elegancia y la humanidad con la que estos jugadores se han despedido, uno de su carrera profesional y otro de su compañero y amigo, es un ejemplo no solo para el deporte, sino para la vida. Coger de la mano y sostener a quien se quiere y a quien se admira, llorar por lo que nos entristece y normalizarlo, es otro de los enormes premios que nos dejan estos dos grandes. A todos: a adultos y a niños. Sobre todo, a niños. A niños que están creciendo en una sociedad de la apariencia, en el culto a la inmediatez y a la valía personal solo por y según los likes ajenos. En una sociedad que fomenta la competitividad, el vencer al otro al precio que sea, los deportistas deberían ser el mejor ejemplo para los más pequeños. Ellos lo copian todo, desde el corte de pelo hasta la forma de vestir. Por desgracia, también imitan las malas formas o la manera de relacionarse con otros deportistas. Por eso, en esta ocasión, Federer y Nadal han vuelto a hacer historia. Nos han demostrado lo que verdaderamente importa: el amor, la amistad y la vida. Esos valores que nos llevarán lejos. El odio, la envidia y la rivalidad nos empobrecen por dentro y por fuera. Ojalá esta imagen no se nos olvide de un día para otro, sino que tengamos siempre presente la importancia de sostener, pues no sabemos cuándo necesitaremos que nos sostengan fuerte de la mano y lloren con nosotros por nuestros laureles y nuestras derrotas.

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