Reflexión

Ensayo calculado. (Por ambas partes)

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elecciones / EFE

Fernando Sagaseta de Ilurdoz López

El ensayo de las municipales y autonómicas puede estar calculado para mostrar a las partes que son sólo eso, partes; que el proyecto Sumar es necesario cuando una vez más se demuestre que las partes integrantes en sí mismas son solo eso, y que han de precipitar en un conjunto disjunto cara a las elecciones generales.

No se trata de ubicación ideológica allende del PSOE, ésta está, sino de practicar la política en mayúsculas; de querer formar parte de la solución, y dejar de sentir que sin ti no hay solución.

La política también consiste en saber estar; en consensuar la discrepancia. 

El todo o nada, formaba parte de la caja de los Juegos Reunidos de nuestra infancia. Era una suerte de peonza hexagonal, que para mí era, y sigue siendo odiosa. Espero que les valga el símil.

La fortaleza del programa viable que se postule, de las propuestas, y sus enmiendas, vendrá de la mano según resultados. Obvio. ¿Entonces? 

Los/as líderes/as tienen muchas funciones y ficciones en sus acciones, pero no creo propio de ellas/os el fatigar a los adeptos, y menos aún a los indecisos crédulos de sus bondades; aunque ya hay quien trabaja de forma denodada para que cundan las sospechas sobre sus personas, y los temores sobre sus propuestas.

Esa falta de ética política es lo que vivimos parlamentariamente hoy. No se debaten los planteamientos, se denigran estos, abordándolos falsariamente, y acudiendo al insulto desde la oposición. Dando la imagen de que el poder judicial arbitra el país con sentimientos ideológicos, y no desde una perspectiva ecuánime, de equidad, para con la realidad social que emana de toda norma legal. 

Me viene a la memoria aquella viñeta del recordado Forges en la que se ilustra un avión en picado, y el piloto le señalaba al copiloto. «Aquí piloto a copiloto, -dígame- nos estrellamos». No por obvio, el piloto constataba lo que era evidente. 

De un picado se puede salir, de un empeño no. 

El «ande yo caliente, y ríase la gente» tiene por sentir popular, que ya ayudara a arrastrar Cervantes a nuestros dichos populares, una doble acepción, a saber: «Se dice, cuando uno prefiere su gusto o comodidad a someterse a la opinión de los demás o a los convencionalismos sociales; y así también, se emplea para recomendar actuar rectamente y de acuerdo con la propia conciencia, sin tener en cuenta la opinión de los demás.»

Pablo Iglesias conlleva ambas acepciones o giros, de natural. Si nos paramos a ver su currículo electoral, y nos fijamos en sus desafectos a los cargos por los cuales ha sido elegido, bien sea por sufragio, bien por méritos propios, y sólo me refiero a los cargos públicos por los que resultó electo para el Parlamento Europeo; como diputado estatal; como vicepresidente del Gobierno y ministro; y miembro de la Cámara Autonómica de Madrid. Tras este periplo, observo un cierto desapego a los cargos. No creo que sea desdén hacia esas responsabilidades político-públicas, más parece que le guste lo macro, y no lo micro, es decir, el analizar, el pontificar, sobre eso que denominan la superestructura ideológica, más que fijar posiciones en los decretos, en el día a día, en embridar las razones y sus opuestos, sin tomar en consideración que el liderazgo requiere ese día a día, y no solo volar sobre el tablero político, porque la opinión de los demás hay que saberla conjugar con la propia conciencia, sin atrofiar ésta última, pero sin endiosarse, pues la dialéctica de los hechos nos superan, de lo contrario iremos irremediablemente al ostracismo político, y eso no lo deseamos. 

Sentirse ariete político para irrumpir en la escena parlamentaria, eso ya lo ha hecho meritoriamente, pero, creerse la clave de bóveda del edificio, ha resultado que no. Su última experiencia fue la Asamblea de Madrid, donde los resultados no fueron los esperados, y de donde parte con más claridad las desafecciones en torno a su personalidad, se ve que el ande yo caliente no concita apoyos.

Iglesias reaccionó dignamente anunciando su retirada y dejándose para sí, para este año 2023, otro rol, así que el próximo 28 de mayo los resultados si no le acompañan, afligirán a otros.

No comprendo nada, siendo como lo es, un animal político, me cuesta creer que vivirá de sus canales de comunicación: libros, informes para allende los mares, programas de televisión, artículos, entrevistas y una vida nada sosegada de mítines, reuniones, y alguna que otra caña. Yo lo declararía intransferible.

Pero me temo que su vital astucia radicará en esperar a que se venza su ficha, a los efectos, dejar que Sumar caiga, para tras añorarle a él, se le vuelva a pedir que salga al ruedo. Él tiene de qué vivir hasta aquel entonces. 

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