Observatorio

I+A+H

I+A+H

I+A+H / Miguel A. Betancor León

Miguel A. Betancor León

Según la RAE, «Inteligencia es un conjunto de habilidades cognitivas y conductuales que permite la adaptación eficiente al ambiente físico y social». Y entiende por Inteligencia artificial a la «disciplina científica que se ocupa de crear programas informáticos que ejecutan operaciones comparables a las que realiza la mente humana, como el aprendizaje o el razonamiento lógico». Por otro lado, Humanizar no es, ni más ni menos, que «hacer humano, familiar y afable a alguien o algo».

La inteligencia artificial (IA) se ha convertido hoy en un verdadero reto, una oportunidad o un «querer saber más», en el desarrollo de nuestra cultura tecno-humanista, como un relato en el que inspirarnos para aprender y prepararnos ante la rapidez de los cambios tecnológicos. En este sentido, y por lo que respecta a nuestra relación con la IA, la curiosidad, la reflexión o el pensamiento crítico serán claves para definir esa comunicación entre lo artificial y lo humano. Hay que resetear procesos de aprendizaje. Saber escuchar a la máquina como a los humanos, ya que la máquina, no hay que olvidarlo, es diseñada y creada por humanos.

El Chat GPT, un chatbot impulsado por una IA que hace uso del procesamiento de lenguaje natural (PLN) y que es capaz de generar respuestas similares a las humanas a una variedad inimaginable de preguntas, ha acumulado 100 millones de usuarios en solo dos meses, superando las tasas de crecimiento de redes sociales populares como TiKToK o Instagram.

Las reacciones a favor o en contra no han tardado en aparecer. El Chat GPT puede aprobar exámenes, generar imágenes, interpretar datos, o producir artículos en unos pocos segundos. La clave estará en centrar sus decisiones según la calidad de su impacto en los humanos. Por ejemplo, ya se está usando en entornos como el de la salud, para predecir y anticipar problemas provocados por determinadas enfermedades.

Eudald Carbonell, en su libro El porvenir de la humanidad, subraya que estamos en un momento en el que «la realidad es de tal complejidad que nos desborda». Pocos podrán estar en desacuerdo con esto. El propio Carbonell está convencido de que «solo un progreso exponencial de la tecnología y su socialización a través del pensamiento crítico puede ayudarnos a dar un salto adaptativo». Mucho se ha aludido a herramientas como el Chat GPT como un gran problema, cuando es posible que sea parte de la solución que necesitamos.

Vivimos en un mundo Physital o Phygital, un mundo paralelo híbrido en nuestras relaciones diarias donde el humano está, o al menos debería estar, en el centro del uso.

Trabajamos, jugamos y nos relacionamos en entornos virtuales sin olvidar la realidad física. Cada vez más, aparece el concepto de ‘gemelos digitales’, que nos permite representar digitalmente nuestro entorno físico, o, incluso, a nosotros mismos. Un ejemplo lo encontramos en el ámbito de la arquitectura y el urbanismo, donde el ‘gemelo digital’ nos permite diseñar, decidir y simular geometrías, experiencias, e incluso sensaciones. Es aquí donde la IA puede ofrecer entradas de datos casi ilimitadas: Diseños o propuestas que jamás se nos habrían ocurrido, todo en base a unos parámetros definidos por urbanistas y arquitectos, y traducidos por los especialistas en entradas de datos (prompt engineer). Herramientas como Dalle-2 (imágenes), Microsoft Copilot (office suit), Murf (audio), por poner algunos ejemplos, están ampliando enormemente las capacidades creativas.

Esta creatividad artificial no se dejará sólo en manos de la tecnología, sino que una vez más, debe ser el humano el centro del proceso, haciendo las preguntas adecuadas (prompt) y guiando a la IA hacia los resultados que los especialistas necesiten.

Es decir, los datos del BIG DATA se equilibra con el HUMAN DATA y la Inteligencia Artificial. El algoritmo generativo abrirá caminos a nuevas soluciones. Se trata, como suelo apuntar, de humanizar a la máquina, domesticar la tecnología para el bienestar de las personas. El deporte ya ha iniciado hace tiempo este proceso de usar la IA para mejorar el rendimiento de los deportistas e igualmente se usará como un entrenador ayudante, diseñando tácticas y estrategias.

 Hay que adelantarse a este presente futuro para que la partida la ganen los humanos. Y que algo creado por los humanos pueda ser más inteligente. En el espacio educativo, fundamental, habrá que formarse en este ámbito porque ya es una realidad, pero todavía tenemos que trabajar en humanizar este nuevo escenario, estableciendo unos márgenes que impidan que una IA pueda ocupar con libertad absoluta todos los espacios de nuestra vida. Sí, hay que evitar un uso descontrolado.

Esto nos ha llevado al miedo, a los discursos apocalípticos. El desconocimiento, sí, genera miedos: pero no puedes retroceder a pasados románticos excesivamente idealizados.

La IA nos superará en más de una destreza cognitiva, pero hay que estar preparados para su integración, hasta para los nuevos trabajos y nuevas competencias. La IA, en efecto, será un empleado más.

¿Su impacto en la educación? Bueno, las calculadoras llegaron a estar prohibidas por sistema en clase. Y hoy son una herramienta más. Es cierto, eso desde luego, que el modelo educativo va a tener que redefinirse, porque esto cambia todo.

Estoy convencido de que la IA será una herramienta que empoderará a las personas. Y se convertirá en un elemento decisivo en el nuevo diálogo cultural que necesitamos para evolucionar. No podemos ejercer de nueva inquisición tecnológica con esto. La inquisición prohibía hasta leer ciertos libros y hasta la imprenta. Pero la nueva imprenta de este siglo XXI no se podrá quemar. Sí, habrá que regular el uso de determinados algoritmos, eliminar sesgos improcedentes.

Lo cierto es que hoy, gracias a la IA estamos recuperando la filosofía para humanizar su uso. Sunny Lee, profesora de la UCL, School of Management, afirma que la inteligencia artificial «no sólo es un avance tecnológico, sino también un catalizador, un cambio en nuestra forma de pensar y nuestra relación con el mundo». Un cambio cultural.

Pasamos de un Antropocentrismo a un Antrotecentrismo. Si con Descartes “pienso luego existo” se definía como la esencia de la humanidad, debemos preguntarnos ya qué significa ser humano en la era en la que máquina y persona vivirán conectados. Sin perder nuestra condición y avanzando en nuestra calidad de vida.

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