Las crónicas de don Florentino

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Antonio Moreno dedicó parte de su vida al sindicato, a la enseñanza y finalmente a la Asamblea de Madrid. Desconozco si es ejemplo de algo, pero lo que sí puedo afirmar, por su legado, es que se trata de un hombre sensato

Asamblea de militantes de Podemos.

Asamblea de militantes de Podemos. / ÁNGEL DE CASTRO

Juan Carlos Padilla Estrada

Agustín Moreno García es un sindicalista español que nació en 1951. Militó en el sindicato Comisiones Obreras durante muchos años, secretario de acción sindical hasta 1996. Tras esto fue el organizador del sector crítico y vocal de la comisión ejecutiva confederal hasta el año 2008. Es licenciado en Historia y Maestro Industrial, y ejerció como profesor de secundaria de Ciencias Sociales hasta 2018. Cuando se jubiló fue despedido con una ovación por sus alumnos. En 2021 fue elegido diputado de la Asamblea de Madrid por Unidas Podemos, puesto al que ha renunciado el mes pasado.

En esta época, en la que la competencia y la idoneidad de los dirigentes de ese partido está siendo puesta en lógica duda, conviene revisar la carta que este veterano sindicalista nos regaló a la sociedad española para anunciarnos su renuncia a la política activa.

En ella Agustín Moreno afirma que deberíamos dar más las gracias y pedir perdón porque ellos nos hace mejores. Y por eso agradece a los miembros de la Asamblea de Madrid, sin filiación, porque de ellos ha aprendido sobre asuntos muy diferentes, lo que le ha ayudado a mantener la curiosidad. Se refiere especialmente al tono constructivo en el que se desarrollan los debates políticos en las comisiones, algo muy alejado de lo que habitualmente se produce en el pleno, donde el postureo y la mala educación se apoderan del ambiente ante la evidencia de la repercusión pública de las actitudes de sus señorías.

Moreno recuerda que la democracia no es otra cosa que la capacidad de diálogo civilizado y que los modos y la ética deben ser parte fundamental de la política, porque sin ellos los políticos se constituyen en un club de cínicos que aleja a la ciudadanía de la política y erosiona la democracia.

Precisamente esa polarización y ese griterío en la política española surge de algo contrario a la biografía del señor Moreno: la profesionalización. Personajes sin vida fuera de la política que entienden que su futuro está ligado a la mejor manera de agradar al jefe y que esto se consigue elevando los decibelios, incrementando la polarización y dividiendo al mundo entre los buenos ─los suyos─ y los malos ─el resto de la Humanidad─, dado que las emociones influyen cada vez más en las decisiones de los electores.

Por eso ante la falta de argumentos cada vez se utilizan más la descalificación, los eslóganes vacíos y las muletillas, repetidas como un mantra estéril, con la esperanza de que calen más allá de los fanáticos de cada bando.

Antonio Moreno dedicó parte de su vida al sindicato, a la enseñanza y finalmente a la Asamblea de Madrid. Desconozco si es ejemplo de algo, pero lo que sí puedo afirmar, por su legado, es que se trata de un hombre sensato, que comprendió la situación y las necesidades de la política en España y que las expresó con elegancia y sinceridad.

Haríamos bien la sociedad española ─y especialmente los políticos─ en escuchar sus reflexiones y en poner en marcha algunas de sus recetas, sensatas vengan estas de donde vengan.

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