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Opinión | Azul atlántico

Miguel Ortiz, coronel de la Guardia Civil

Juicio por coacciones en Fuerteventura: piden la absolución de un guardia civil y su esposa

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La muerte de Miguel Ortiz Asín, coronel de la Guardia Civil, a los 81 años, se lleva a uno de los testigos más sobresalientes de los últimos días de la provincia del Sáhara. Integro, discreto y buen compañero en la milicia, ha sido protagonista y testigo privilegiados de la salida del Ejército español del territorio saharaui. Fallecido el viernes en Las Palmas de Gran Canaria tras una complicada enfermedad, aún gozaba de ánimos y aliento para defender a su patria, pero le falló el corazón. Nos ha dejado un pequeño gran hombre, un señor. Militar de principios, con carácter, genio, agudeza, raza y olfato. Se forjó como Guardia Civil en servicios especiales en el Sáhara y se curtió por el País Vasco cuando la violencia terrorista golpeaba con intensidad y la victoria sobre ETA parecía imposible. Allí cumplió órdenes de Antonio Tejero Molina, un jefe que sobresalía entonces por sus diferencias con el ministro de Interior Rodolfo Martín Villa. Asturias, Valencia, Andalucía y Canarias fueron otros de sus destinos en los que deja profunda huella de amistad y buen hacer profesional. La suya fue una vida dedicada a la Guardia Civil, a caballo entre dos regímenes, con una trayectoria militar completa y con relevantes actuaciones contra el frente Polisario y el terrorismo etarra. Y siempre leal y activo servidor del Estado y con profundo amor a España.

Tras dejar el uniforme y llegar a la jubilación se dedicó al comercio con Marruecos y se quedó hasta el final en las Islas como presidente del Forum Canario-Saharaui. Las cenizas de este aragonés nacido en Zaragoza regresarán a su tierra. Conmovedor, emocionante y esperanzador resultaba contemplar en el tanatorio de Miller al féretro con su cuerpo con el tricornio sobre sus pies y la Virgen del Pilar sobre el pecho. En tiempo de crisis de valores, de desmoralización, nos queda el ejemplo de un hombre de bien que se entregó a sus ideales, como español y como Guardia Civil, en cuerpo y alma. La Pilarica lo habrá recibido con un abrazo de madre.

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