Objetos mentales

Jerónimo, amigo enseñante

Entierro del expresidente de Canarias y exministro Jerónimo Saavedra

Entierro del expresidente de Canarias y exministro Jerónimo Saavedra / Elvira Urquijo A.

Poli Suárez

Poli Suárez

En Canarias despedimos hace unos días no solo a un gran político que ostentó cargos a todos los niveles -desde la primera Presidencia del Gobierno regional hasta los ministerios de Administraciones Públicas o Educación y Ciencia, diputado, senador o alcalde de Las Palmas de Gran Canaria-, sino también a un enseñante vocacional. Y, a título personal, un estimado amigo. Jerónimo Saavedra ha dejado un inmenso vacío en todos los ámbitos de la sociedad canaria porque allí por donde anduvo dejó huella y cosechó el respeto, admiración y cariño de sus interlocutores. Sin hacerlo con intención de aleccionar a nadie, sus palabras se convertían siempre en acertados consejos aplicables a la política y en cualquier situación de la vida. Hace apenas unas semanas tuvimos ocasión de departir sobre el contexto actual que vivimos en España, en la que, sin saberlo, sería nuestra última de muchas y productivas conversaciones. El pepero moyero, me llamaba con su particular sentido del humor. «Poli, hallar el punto de encuentro con quienes piensan diferente a nosotros es fundamental; es más importante el encuentro que el distanciamiento. Y para eso hace falta escuchar más, pues se llega más lejos escuchando al otro que piensa distinto», me decía. Con Jerónimo, las siglas o ideologías nunca suponían una barrera ni prejuicio. Su altura de miras y la generosidad para compartir su intelectualidad trascendían cualquier afiliación. Ante todo, era un hombre de diálogo. Así me lo inculcó y hace décadas hizo germinar en mí el valor del consenso; porque para mí, Jerónimo Saavedra también ha sido el mejor enseñante y maestro que he podido conocer en mi trayectoria. Siempre encontré su mano tendida, su escucha y sus palabras cargadas de sabiduría y honestidad. Un hombre leal, por encima de todo, a Canarias. Por eso cualquiera podía recurrir a él sin ningún temor a recibir recomendaciones malintencionadas o arbitrarias; con ese talante calmado con el que orientaba la reflexión y el debate hasta el necesario punto de encuentro, por extremas que fueran las posturas. Y defensor acérrimo de la educación, por la que trabajó de manera incansable impulsando la transferencia de las competencias educativas a las Islas en el inicio de nuestra Autonomía o abordándola en sus intervenciones y acciones como una cuestión prioritaria y el pilar de toda sociedad que quiera progresar. Reconozco que en esta nueva etapa que he emprendido como consejero voy a extrañarlo especialmente y poder recurrir a él. Ha sido una pérdida muy sentida porque no son frecuentes los hombres como él y son muy necesarios. Un aliado y defensor de las Islas donde quiera que fuera. Capaz de aunar en su figura la personificación de la democracia en su más amplia significación. Saavedra nos ha enseñado el camino y nos ha dejado un valioso legado que ojalá todos sepamos aprovechar. Nos ha enseñado que la búsqueda de los acuerdos es más beneficiosa que perder el tiempo y esfuerzos en la confrontación. Nos ha enseñado otra forma de hacer política. «Quisiera ser recordado como un enseñante porque la docencia me lo ha dado todo». Así será, amigo. Es posible.

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