Opinión | Observatorio

Una bomba cada minuto cae sobre Ucrania

Una bomba cada minuto cae sobre Ucrania

Una bomba cada minuto cae sobre Ucrania / La Provincia.

La «liberación» de una ayuda de material militar por parte de los republicanos estadounidenses ha vuelto, en parte, a recordar que el ejército de Vladimir Putín intenta invadir Ucrania, situación que parecía estar pasando a un segundo plano en la valoración de noticias en los medios de comunicación. Aunque los síntomas parecen dar como diagnóstico que la situación no ha cambiado en las últimas semanas. La agresiva invasión, después de 25 meses, continúa y parece que seguirá aún largo tiempo. La persistente y terrible destrucción de Gaza por el ejército israelí y el lanzamiento de drones y misiles de Irán sobre territorio judío casi ha borrado de los medios de comunicación el conflicto ucraniano. Pero si el desarrollo de la invasión parece enquistado, todo indica que la situación se petrifica y permanece una ocupación algo oculta desde el fatídico 7 de octubre en Palestina. Si algunos síntomas apuntan al escaso cambio de la situación, lo que quizá ocurra es un agravamiento. Uno de estos síntomas es la comunicación del líder ruso, Vladimir Putin, de que han sido los ucranianos quienes prepararon el terrible atentado del Crocus City Hall con la colaboración de terroristas del autollamado Estado Islámico, lo que recuerda la pretensión de Aznar de atribuir la idea a ETA en el atentado yihadista del 11M en Madrid.

Las bajas en ambas partes del conflicto ucraniano son cuantiosas aunque se van anunciando con goteo. Y las declaraciones sobre avances y retrocesos de los frentes no parecen favorecer un final próximo de los combates. Mientras tanto no indican tener mucha fuerza las informaciones sobre una posible negociación y una búsqueda de paz, sea provisional o más o menos definitiva. Las manifestaciones sobre el resultado final del conflicto, principalmente realizadas al comienzo de la invasión, obstaculizan posibles conversaciones y la aceptación por las partes de una solución.

Enumeraba en un gran artículo Pere Casan («The bomber», https://www.lne.es/opinion/2023/12/19/the-bomber-96012327.html) las bombas que caen diariamente sobre los ucranianos, lanzadas tanto por los rusos invasores como también por los ucranianos en su intento de recuperación territorial. Terribles datos: una bomba cada segundo, unas 40.000 al día por cada bando. Claro que la crueldad no sabe de números (solamente sus fabricantes y quienes ordenan lanzarlas). Podemos hacer cálculos teniendo en cuenta que ya se han sobrepasado dos años de invasión.

Enumeraban asimismo algunas ONG que luchan por socorrer a las víctimas y detener las guerras que, actualmente, existen una treintena de conflictos en el planeta. Algunos enquistados, otros menos conocidos que los de Ucrania o Palestina, pero no menos cruentos. Los muertos son igual de lamentables en un lugar u otro. Mientras tanto hay unos perdedores y unos ganadores. Los fabricantes y vendedores de armas siguen ganando miles de millones y no son nombrados habitualmente. Pere Casan mencionaba exportadores inesperados para muchos lectores, entre los que me incluyo. Corea del Norte y Corea del Sur. La primera abastece las ansias de Vladimir Putin, aprovisiona las arcas del dictador Kim Jong-un mientras la población de su país no sale de la hambruna. La segunda, parece que vende tantas armas como automóviles suministra a occidente. La realidad está contrastada con imágenes de satélites norteamericanos y fuentes de seguridad británicas.

Según informaba «The New York Times», la realidad de esta guerra –así como la de Gaza– no se completa en muchas informaciones porque existen fotografías que no se publican. La realidad es tan cruel que se producen especulaciones éticas sobre su difusión. «No hay nada tan desolador como la imagen de un niño cuya vida ha sido truncada por la violencia sin sentido», escribía su columnista Lydia Polgreen.

Y mientras las bombas siguen cayendo sobre Ucrania más de dos años después del inicio de la invasión, Volodímir Zelenski anunciaba en Kiev una gran movilización de hasta medio millón de reclutas para afrontar la guerra de desgaste contra Rusia. Otro tanto ha dicho Vladimir Putin desde Moscú. El líder ucraniano espera recibir mayor ayuda financiera y nuevas armas por parte de países occidentales. Entre tanto, si los fabricantes de armas van renovando sus arsenales y almacenes, a la guerra no se le ve cercano fin.