Opinión | Retiro lo escrito

Una comisión paródica

Al parecer estos caballeros actuaban con unas mascarillas en el josico, pero como si no se estuvieran viviendo una situación excepcional

Koldo García durante su comparecencia en el Senado.

Koldo García durante su comparecencia en el Senado. / EFE

Quiero empezar pidiendo excusas: soy incapaz de tomarme esto en serio. Y ni siquiera ha empezado. Me refiero, claro, a lo de Koldo García, exasesor de José Luis Ábalos y mediador de una empresa fantasma montada durante la pandemia para el trinconeo multimillonario. Sin duda soy muy torpe y no entiendo la decisión de llamarlo el primero a la comisión de investigación sobre la compra de material sanitario por el Gobierno autonómico durante la covid. A los diputados canarios les queda mucho recorrido audiovisual: acostumbrados a producir sus series y documentales de sobremesa sobre el material de plenos y comisiones el género negro (y el marrón) se les escapa. Al parecer el herreño Raúl Acosta, presidente de la comisión, mandó a convocar a Koldo pero ha sido imposible localizarlo –qué extraño– y ha solicitado la ayuda de la Policía Nacional, la Guardia Civil y la Policía Canaria, que igual el tipo está en Tamaduste, refrescándose los ñames, y no nos hemos enterado.

Los que nos aterrorizábamos pensando en un julio de interminables reuniones de la comisión respiramos tranquilos y disculpen, también, el egoísmo profesional. Solamente hay que verse los vídeos de las comisiones de investigación en el Congreso y el Senado –porque existen dos farsas gracias a la miserable estupidez partidista– para tener ya las informaciones y crónicas ya escritas. Por ejemplo, se sabe perfectamente lo que dirá aquí Ángel Víctor Torres: que él no sabía nada de las contrataciones a favor de la empresa patrocinada por Koldo García porque eso lo decidían los técnicos.

Es el argumento recurrente de todos los responsables políticos afectados más o menos directamente por este escándalo y siempre se me ha antojado extraordinario porque preocuparse activamente por la eficacia y la eficiencia de esas compras, por la calidad de esos productos, por su rápida entrega en óptimas condiciones a la administración pública debería haber sido una prioridad absoluta del presidente, el consejero de Hacienda y el titular de Sanidad y su director del Servicio Canario de Salud. ¿De qué carajo se ocupaban entonces? Conociendo la escasez de material, el estrangulamiento de los mercados habituales y el evidente riesgo de golfería, deberían haber estado encima de esos contratos, porque no se adquirían paraguas para melancólicas lloviznas de otoño, sino material sanitario para evitar la muerte de miles de canarios, médicos y enfermeros incluidos. Al parecer estos caballeros actuaban con unas mascarillas en el josico, pero como si no se estuvieran viviendo una situación excepcional.

Según Torres –aunque esto no es nuevo tampoco– se ocupaba de crear comités, entre los cuales brillaba con luz propia un comité de emergencia sanitaria que él mismo presidía pero que no se sabe lo que hacía fehacientemente porque carece de actas. El ahora ministro reconoció, en su comparecencia, esa ausencia de registro, como si fuera algo absolutamente común y corriente en un gobierno democrático. Y, por supuesto, ni él ni Antonio Olivera, su actual jefe de gabinete y en ese momento viceconsejero de Presidencia, siguen sin querer enterarse de lo que es la responsabilidad política. De la misma manera que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento no participar en un proceso de contratación que finalmente conculque normas o reglamentos y pueda suponer un quebranto económico público no significa que no tengas que asumir una responsabilidad política por lo ocurrido que luego puede ameritar o no una dimisión.

Es algo puñeteramente obvio pero no lo veremos en esta comisión que hará la parodia de las comisiones de las Cortes. Lo que veremos son ausencias patéticas y verborragias exculpatorias y sospechas insustanciales y preguntas sin respuesta y respuestas sin preguntas y conclusiones tan cortas como el amor y tan largas como el olvido y toda la culpa fue de Conrado Domínguez vengayá.

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