Opinión | Reseteando

Lavado verde

 Cualquier magnate presume de pagar una zona verde de su bolsillo, pero continúa moviendo la potente y arcaica maquinaria de su industria con combustible fósil

Parques y Jardines embellece las zonas verdes de Gáldar durante el Carnaval con 4.000 flores y plantas.

Parques y Jardines embellece las zonas verdes de Gáldar durante el Carnaval con 4.000 flores y plantas. / LP/DLP

Canarias es un territorio abonado para las greenwashing, en castellano lavado verde. Diría incluso que a través de procedimientos más refinados que en otros territorios, sobre todo por la escasez de suelo y también por la alta protección del mismo. La jauría urbanizadora posee en su maletín o pendrive exquisiteces varias para pintar el loro de colores. No es corrupción, bordean la ley y camuflan barbaridades con sus informes y sus caros abogados.

El resultado final es que el responsable político de turno es conquistado con zalamerías, unos residuos arbóreos, unos cactus y algún green que puede ser en formato artificial, una alfombra de las que ponen en su jardín los que no quieren líos con las raíces o no tienen ganas de trabajarse el cuidado. Con esta cochambre de mal gusto, el conglomerado se saca la foto de turno y dice que entronca con los criterios más exigentes de sostenibilidad vía ONU.

Es extraña la mensualidad en la que no hay en estas Islas un paripé en este sentido. Y se remonta en el tiempo: los famosillos estudios de impacto ecológico son hechos al placer del consumidor, con unos mínimos que contribuyan al aprobado correspondiente. Si hubiese sido como debe ser, el consejero Hernández Zapata (PP) no echaría en falta tanto árbol en Las Palmas de Gran Canaria para frenar el cambio climático.

El municipio necesita 66.628 ejemplares para cumplir con la reforma que este señor prepara para mejorar la legislación que dejó en la atmósfera el ex Valbuena. Lo de mejorar es un decir: la intención parece proactiva y preclara, pero puede ser que se quede solo en un enunciado y que el manoseo la convierta en un instrumento perfecto para un buen lavado verde. Centrados en la capital resulta sumamente patético y triste que una obra tan ambiciosa como la Circunvalación de la ciudad no fuese aprovechada para ocupar sus bordes de una frondosa arboleda. Nadie reclamó la intervención en el paisaje a las contratas de turno. No hay más que recorrerla para concluir que el ataque fue demoledor. Todavía se está a tiempo de cambiar el desastre, en especial si hay ganas de llegar a un árbol por cada tres habitantes.

Existen sobresalientes investigaciones a multinacionales de todos los ramos que abusan del lavado verde. Cualquier magnate presume de pagar una zona verde de su bolsillo, pero continúa moviendo la potente y arcaica maquinaria de su industria con combustible fósil. Por suerte, en el espectro de la política se están empezando ahora a filtrar las vendidas de moto. Los votantes son cada vez más conscientes de la manipulación que padecen, también del descaro con que es transmitida a la sociedad, a la que se le trata de convencer con todo tipo de argucias y ocultaciones. No estaría de más crear un departamento para verificar cuántos árboles se plantan de los miles y miles que se prometen. Y algo más: los que se cortan, o lo que se trasplantan y se pierden

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