Opinión | Retiro lo escrito

Politiquería repugnante

El ministro de Política Territorial (ahí va) ha proclamado (no me lo invento) que no se registrará la reforma de la ley de extranjería hasta que el PP transmita públicamente su firme voluntad de votarla positivamente

Varias personas migrantes llegadas en un cayuco a Canarias.

Varias personas migrantes llegadas en un cayuco a Canarias. / EFE

Es una desvergüenza. Ahora el PSOE «apremia» al PP para que se pronuncie sobre la reforma de la ley de extranjería que permitirá la redistribución de los menores migrantes no acompañados en distintas comunidades autónomas. La reforma, ¿ya se ha registrado por los socialistas en el Congreso de los Diputados, por cierto? Disculpen la pregunta retórica. No, todavía no lo ha hecho. No lo han hecho (conviene escuchar esto bien agarrados o sentados) porque el ministro de Política Territorial (ahí va) ha proclamado (no me lo invento) que no se registrará la reforma hasta que el PP transmita públicamente su firme voluntad de votarla positivamente. El presidente Fernando Clavijo ha tenido que salir a escena para agitar una obviedad vergonzosa: primero, hato de impresentables, se registra la modificación legal, y a partir de ahí se abren las negociaciones entre los grupos parlamentarios para su debate y, si cabe, su aprobación. Esta revolución del proceso legislativo en una Cámara democrática – exigir a la oposición que garantice su voto afirmativo antes de que el texto llegue al parlamento, y si no es así, no presentarlo -- hubiera dejado estrábico a Norberto Bobbio, y supone, por supuesto, una treta ruin que no tiene sino tres objetivos: retrasar la aprobación de la reforma, atribuirse el protagonismo de la misma y apostrofar al Partido Popular.

Se retrasa la aprobación de la reforma porque conviene al Gobierno que se despeje primero la situación política en Cataluña, ya que el grupo socialista puede encontrarse que JxC e incluso ERC no solo se abstengan, sino que voten negativamente. El PSOE sigue instalado en la fantasía de que está en condiciones de legislar con cierta normalidad actualmente. Pues no, no puede. Se atribuye el protagonismo de la misma cuando el gabinete de Pedro Sánchez lleva más de medio año remoloneando con este asunto en conversaciones interminables con interlocutores sordos, y con unos antecedentes tan intachables como las indecencias que se vivieron en el muelle de Arguinegín. Ahora inflan pecho y apremian al PP a apoyar una reforma que les ha arrancado CC y que por sus malas mañas y sus miedos escénicos todavía ni se han atrevido a inscribir en el registro de la Cámara Baja. El cuajo de los socialistas del sanchismo uno, grande y libre es infinito y su empecinamiento a tratarnos como oligofrénicos verdaderamente incansable.

Lo más asombroso de todo esto es quien se está ocupando de montar este numerito, que no es otro de Ángel Víctor Torres, ministro de Política Territorial y secretario general del PSOE canario. ¿Recuerdan esas enternecedores reflexiones el año pasado sobre las bienaventuranzas que significaba contar con un ministro canario en el Gobierno español? Jamás hemos conseguido nada relevante con un ministro canario, prueba evidente de lo que necesitamos son más diputados y senadores isleños y menos ministros cortesanos. Es curiosa la situación de Torres que corre casi todas las tardes de los jueves a Canarias para volcarse en una campaña interminable con el objetivo de que no lo olviden a él y procuren olvidar a quien ha puesto para sustituirlo por aquí. Me pregunto en que romanesca situación puede encontrase finalmente si Sánchez decide disolver las Cortes y convocar elecciones. Pero estas curiosidades tienen una ínfima importancia. Lo realmente indignante es que después de una probada insensibilidad, de una evidente y pegajosa indiferencia, Torres y su equipo hagan politiquería, la politiquería arriba descrita, con las ásperas vidas cotidianas y el futuro incierto de miles de niños y adolescentes que han sido atendidos en Canarias pero que no dejan de llegar del continente africano huyendo de la pobreza o la miseria. Politiquería repugnante y hasta resignada a su repugnancia. Nadie debería consentir ni consentirse esa degradación moral. Ni los canarios, ni sus representantes, ni el PSOE, ni siquiera Ángel Víctor Torres.

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