Opinión | Sol y sombra

Otro escenario inquietante

El presidente francés, Emmanuel Macron.

El presidente francés, Emmanuel Macron. / LAP

Macron ha salvado aparentemente los muebles en Francia, pero puede que queriendo salir de Guatemala se haya metido en Guatepeor. Tras las elecciones, los cinco escenarios clave que los analistas anuncian producen inquietud. Y de todos ellos al que el presidente de la República no querría tener que enfrentarse es al de la dimisión forzada por una mayoría de bloqueo parlamentario, cuando precisamente se cumplen cien años de la renuncia por ese motivo de Alexandre Millerand, después de que las izquierdas ganadoras en las urnas se negaran a apoyar cualquiera de los gobiernos elegidos por él. Nadie quiere decir que eso vaya a volver a ocurrir, pero existe la posibilidad.

Exceptuando los problemas derivados de la inmigración y el estallido social de la banlieue, existen ciertos paralelismos entre la Francia de la Tercera República, de finales del siglo XIX y principios del XX, y la actual, que tienen que ver con un despertar de la judeofobia que ha formado parte de la tradición en el país vecino durante años. Entonces eran la derecha, los opositores a Dreyfus y a Édouard Drumont y el periódico «La Libre Parole» los que instigaban el odio antisemita, ahora los propagadores se encuentran en la extrema izquierda. El incremento de delitos contra los judíos, las múltiples amenazas, han hecho que muchos de ellos estén pensando en abandonar el país, según dejan constancia las últimas encuestas publicadas. La Francia Insumisa, proislamista, es considerada responsable de la práctica totalidad de los episodios antisemitas por la mayor comunidad judaica de Europa Occidental. Mélenchon, líder de esa izquierda radical, la pieza que peor encaja en cualquier coalición de gobierno y la que más quebraderos de cabeza traería en una cohabitación, ha empezado ya a poner condiciones. Librarse de él tendría que ser la segunda parte del plan republicano que frenó al lepenismo. Sigo preguntándome por qué, para algunos, la izquierda xenófoba que apoya a Maduro y a Irán, también a Putin, es más demócrata que la derecha amiga de Orbán.