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Niños vulnerables, adultos incapaces

Adolescente, varón y de Senegal, Mali, Gambia o Marruecos: Así son los menores del acuerdo

Adolescente, varón y de Senegal, Mali, Gambia o Marruecos: Así son los menores del acuerdo

A las cosas hay que llamarlas por su nombre, pero no siempre es así. A muchos se les olvida que los 5.645 chicos y chicas que están bajo la tutela del Gobierno de Canarias no son ‘menas’. Una etiqueta que deshumaniza a niños y niñas en situación de desamparo. Niños y niñas que se han subido a una embarcación precaria huyendo de la guerra o del hambre. Niños y niñas cuyos padres han preferido separarse de ellos, aún sabiendo que ponen en riesgo sus vidas, porque así podrían al menos aspirar a una existencia mejor que la suya, condenada a la miseria por ese azar que determina nacer en el primer o tercer mundo. Niños y niñas que tienen una vida por construir y que solo buscan oportunidades para proyectar su futuro. ¿A que la cosa cambia? Son seres humanos a los que hay que cuidar, no paquetes que almacenar. Son semillas que regar para que puedan llegar a dar sombra.

Los convenios internacionales y las leyes españolas obligan a atenderlos, a darles un porvenir. Pero más allá de las obligaciones legales, está la obligación moral. Y es que cuidar a la infancia es un deber que no se puede reclamar solo ante las leyes, sino que queda en la conciencia de cada uno. En mitad de la contienda política, de los cruces de acusaciones y de las broncas partidistas, hay niños y jóvenes ajenos a que su futuro está en manos de unos adultos incapaces de llegar a un acuerdo para encontrar una solución que ayude a mejorar sus condiciones de vida. Incapaces de garantizar su correcta integración e incapaces de velar por sus derechos. Entre los jóvenes tutelados por el Ejecutivo canario hay, por ejemplo, más de mil malienses. Niños que han salido de un país en el que muchos de ellos no habrá conocido la paz, pues lleva más de una década envuelto en un conflicto interno, alimentado por grupos terroristas de los que dan pavor en Occidente. Aunque aquello que sucede lejos de nuestro sofá y lejos del mundo al que creemos pertenecer parece que duele menos. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) estima que la mitad de los menores que atiende Canarias tienen condiciones para ser refugiados, pues sus vidas corren peligro si vuelven a su país de origen. ¿No creen que ya han sufrido demasiado en sus cortas vidas como para que la vieja Europa, donde los derechos humanos se presupone que son lo primero, se lo ponga más difícil?

La migración es un problema estructural y requiere medidas con una mirada más amplia, más a largo plazo y más profundas. Pero en Canarias vivimos una emergencia humanitaria en la que los afectados son niños y urge una solución rápida y contundente. Ir todos a una. Desde las instituciones del Archipiélago se lleva meses luchando por conseguir una migaja de solidaridad que permita repartir el peso de la responsabilidad que supone criar a casi 6.000 niños. Si las Islas han podido soportar esa presión en solitario durante meses, ¿cómo es posible que el resto de comunidades autónomas no sean capaces de arrimar el hombro? Si el peso de la mochila se reparte, todos llegaremos más lejos y en mejores condiciones.

No perdamos la perspectiva. Quienes necesitan ayuda son niños.