Opinión | Retiro lo escrito

A place small, clean and beautiful

Infografía parcial del proyecto turístico Cuna del Alma, en ejecución en el Puertito de Adeje.

Infografía parcial del proyecto turístico Cuna del Alma, en ejecución en el Puertito de Adeje. / La Provincia

Uno sospecha que la era de entusiasmar al personal – o si quieren a la sociedad civil – con grandes obras arquitectónicas o infraestructuras pintureras está acabando. En los años sesenta y setenta, cuando se instalaba un grupo electrógeno en un pueblo en en el sur de la isla, se celebraba como una fiesta con participación del alcalde, el cura y la guardia civil. Ahora el problema es renovar los sistemas eléctricos antes de que se produzca un fallo masivo y nos quedemos enterrados en un cero energético durante días o semanas. Personalmente preferiría una isla con una movilidad más tolerable, con unos servicios públicos sólidos y razonables, unas comarcas más homogéneas social y económicamente, un lugar donde no se retroceda un paso más en el consumo del territorio y en la afección a nuestros ecosistemas. Si es absolutamente inevitable que se construya Cuna del Alma, por ejemplo, que no exista ninguna Cuna del Alma más en toda la superficie insular durante lo que resta de siglo. Deberíamos optar por esa visión idealizada que tenían los prerrafaelistas de la Inglaterra medieval, «a place small, clean and beautiful». Nuestra isla es un pequeño mundo y como tal deberíamos tratarlo. No deberíamos batir records ni atraer eventos multitudinarios de 30.000 personas chillando en un estadio. «No me hablen de continentes/que ya están abarrotados/uno mira a todos lados/y lo ve lleno de gente». Nosotros estamos también bastante abarrotados. Cada día más. En materia de infraestructuras, de nuevas oportunidades de negocio, de programación cultural y artística, de mercantilización de nuestro talento, también deberíamos adoptar la estatura inteligente y adaptativa de nuestra pequeñez. Si no queremos unas islas aún más superpobladas, con una densidad demográfica que impida una vida digna, no optemos por recursos, dinámicas y actividades destinados a atraer a grandes multitudes, sin las cuales esos pesados artefactos carecen absolutamente sin sentido.

Debemos aprender que la isla es ya una ciudad y que nuestra ciudad es ya toda la isla. Es puro folklore administrativo – y obedece a intereses más partidistas aún que políticos – esa multiplicidad cantinflera de municipios, generalmente diminutos y torpes, es decir, ineficaces e ineficientes. Precisamente como es un territorio pequeño y la población ha aumentado asombrosamente en los últimos cuarenta años, ha devenido imprescindible ya contemplar cada una de las islas como un todo orgánico, no como una suma de musarañas terruñeras. Personalmente me cuesta mucho entender esas furibundas identidades microscópicas, y me pasma escuchar cosas como eso de «soy villero por encima de todas las cosas». Se me antoja bastante espeluznante. Si pudiera elegir tiránicamente enviaría a pibes y pibas durante su adolescencia a un par de países durante una década para que regresaran con una mínima y solvente mundología, gracias a la cual sepan lo pequeña (y lo grandes) que son sus islas. Como mínimo deberían trabajar aquí durante un cuarto de siglo. Después, por supuesto, podrían marcharse, y sería absolutamente normal que lo hicieran. En fin, es la pequeña fantasía de un dictador imaginada por alguien que no confía demasiado, sinceramente, en sus congéneres.

Al fin y al cabo lo único que pide uno a autoridades y conciudadanos, cuando ya las canas le peinan el alma, es una cierta dosis de realismo y de madurez. Es lo que debemos reclamarlos a nosotros mismos, no esos extraordinarios esfuerzos para ser Hong Kong, o California, o Dinamarca o incluso (dios mío) Madrid. Son sitios estupendos para irse durante un rato corto o largo. Pero el mejor sitio para regresar debe ser este. Un jardín pequeño exige mucho más trabajo que un jardín grande, y en él la felicidad está siempre mucho más cerca, según una historia del Tao. Un lugar tranquilo donde vivir dignamente, sin excesivos follones, con buenos servicios sociales y asistenciales que nos ea ni un mito ni una cuenta corriente.

Suscríbete para seguir leyendo