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Opinión | Billete de vuelta     

Francisco García

Otra hostia para el Gobierno   

Alberto Núñez Feijóo a su llegada a la reunión con los grupos parlamentarios de Congreso y Senado.

Alberto Núñez Feijóo a su llegada a la reunión con los grupos parlamentarios de Congreso y Senado. / DAVID MUDARRA.

Se le escapó, a micrófono abierto, a un ministro de los de la izquierda dividida que más que Sumar resta: la negativa de los siete enanitos de Puigdemont a ayudar a que le salgan las cuentas a Blancanieves supone, en toda regla, «una hostia para el Gobierno». Sin el voto de los secesionistas, el techo de gasto es techo de cristal finísimo. Basta con que caiga un guijarro para que la cubierta presupuestaria se haga añicos. No es una temeridad pensar que no habrá Presupuestos Generales del Estado en 2025. Y si los llega a haber, será a costa de muchas velas al abogado de los imposibles y cuantiosas concesiones, preferentemente económicas, a los habituales pedigüeños. Nadie olvide que los compañeros de viaje de Sánchez desde hace un año, más que socios, son acreedores. Y si no hay dinero en abundancia, habrá hostias como panes.

Junts y ERC, junteros y revueltos, se aprovechan de la extrema debilidad del Damocles socialista, sobre cuya cabeza pende una espada apenas sostenida por una crin de caballo. Sánchez ha caído en la sima profunda de la sumisión. Solo así se entiende la humillación de acudir a Cataluña a cumplimentar a Aragonès, cuando lo que correspondería sería lo contrario. Si además de una Agencia Tributaria propia le piden la cabeza de Illa, la entregará sin escrúpulos envuelta en celofán.

Que el nacionalismo catalán quiera acaparar la caja registradora no es buena cosa para el Gobierno entreguista ni para el partido que lo sustenta, pero mucho menos para el resto de comunidades autónomas, que tendrán que conformarse con menos fondos a costa de pervertir el mandato constitucional de la solidaridad entre territorios. Si el sistema quiebra, vayámonos olvidando del bienestar tal como lo conocemos y lo hemos disfrutado. De ahí el malestar en tantas regiones que ven cómo otros piden el menú degustación y ellas se conforman con un solo plato y además abonan a escote la cuenta.   

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