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Opinión | Cartas a Gregorio

Operación silencio

La ministra de Defensa, Margarita Robles, con la exdirectora del CNI, Paz Esteban, el día en que fue relevada por la actual, Esperanza Casteleiro (derecha) a causa del caso Pegasus

La ministra de Defensa, Margarita Robles, con la exdirectora del CNI, Paz Esteban, el día en que fue relevada por la actual, Esperanza Casteleiro (derecha) a causa del caso Pegasus / EDUARDO PARRA / EUROPA PRESS

Querido amigo, ya nada es igual después de que pusieran en marcha «Pegasus», el software desarrollado por la empresa israelí NSO Group utilizado para infectar dispositivos móviles y acceder por esa vía a la información secreta de todos los países.

Con ese sistema operativo se pueden espiar a figuras políticas de cualquier parte del mundo como, por ejemplo, al presidente español Pedro Sánchez, así como a otros políticos españoles que, con la colaboración del presidente francés Enmanuel Macron, han sido vigilados por el espionaje de Marruecos, que luego utiliza esa información para amenazar al gobierno español con difundirla.

Muy graves deben ser las actividades descubiertas con este dispositivo para que los representantes públicos españoles hayan decidido «tragar sapos» con tal de que esas averiguaciones no lleguen al conocimiento del público.

De todas formas, Gregorio, los casos de corrupción en nuestro país suelen olvidarse fácilmente, y los políticos vuelven a sentarse en sus cargos sin ningún problema. Lo que no perdona el electorado es que sus representantes se vean implicados en delitos sexuales.

Y es que la gente permite que seas un ladrón y un estafador, pero no que cometas irregularidades sexuales por muy personales y privadas que puedan ser. Y si no, que se lo pregunten a don Pedro Jota, que cuando en 1997 era director del diario El Mundo, le grabaron un video erótico con una señora que defenestró al periodista.

Metidos en esos berenjenales, no hace falta mucha imaginación para adivinar lo que puede pasar en los grandes hoteles que tiene el monarca alauí en Marruecos, donde bien se sabe que aloja a ilustres invitados como son los representantes de otros países.

El peligro de estas invitaciones es que te puedan grabar con la intención de usar las imágenes como soborno, como en el caso de Pedro Jota.

Estoy seguro de que, si un cargo público se ve obligado a elegir entre hipotecar su casa y que lo hagan desaparecer del escenario político, decidirá hipotecarse, aunque su casa sea el Sahara Occidental, las Islas Canarias o la madre que lo parió.

Pues algo así es lo que puede estar pasando, Gregorio, un problema que no tiene solución ni a medio ni a largo plazo, y que sería una de las razones por las que los ministros españoles no quisieron testificar en persona o por videoconferencia ante el juez que investiga el origen del espionaje de Pegasus, y también la razón por la que el gobierno intentó evitar que una asociación de juristas compareciera como acusación popular, dada la posibilidad de que tuvieran acceso a contenidos íntimos de los espiados del gobierno.

El único remedio que se me ocurre es meter en la cárcel a toda esa gentuza e inhabilitarla de por vida para cualquier cargo público. Mientras tanto, seguiremos pagando el precio que los chantajistas quieran poner por su silencio. Así que, bienvenido sea el chantaje si es para bien de todos.

Un abrazo, amigo, y hasta el martes que viene.

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