Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Retiro lo escrito

Los efectos del sanchismo

Ya está plenamente metabolizado. Pedro Sánchez no solo designa a uno de sus ministros gobernador del Banco de España, sino que lo anuncia antes incluso de que el susodicho – el señor José Luis Escrivá – abandone su ministerio. No merece la pena repetir la lista de majestuosas megacacicadas de este estilo que ha practicado durante el último lustro el señor presidente. Por supuesto que la pulsión por la cooptación de las instituciones del Estado siempre ha palpitado en todos los gobiernos españoles desde los años setenta. Pero lo de Pedro Sánchez es un festín tan cínico, impúdico y desparpajado que brilla con luz propia. Los servicios de propaganda psocialista se han lanzado a justificar la designación de Escrivá refiriéndose a los nombramientos de Luis de Guindos y Lagarde “que antes fueron ministros”. Es una verdadera sandez. Guindos y Legarde fueron propuestos por una mayoría de Estados socios de la Unión Europea y refrendados por la Cámara de Estrasburgo y el ámbito de sus respectivas responsabilidades no incluía el análisis coyuntural y prospectivo de la economía española y las estrategias para el desarrollo del país y el equilibrio de sus cuentas públicas. Parece harto dudoso que el señor Escrivá – cuya capacidad técnica y bagaje laboral no admiten dudas -- muestre en ningún momento diferencias, matices o reservas frente a las políticas y programas del Gobierno socialista. Sánchez no premia un sistema de pensiones implosivo o un invento tan suavemente fracasado como el ingreso mínimo vital, cuyo impacto en la disminución de la pobreza y la exclusión social del país ha sido casi inapreciable. Lo premia por su lealtad y porque entre sus leales de estricta observancia dispone de muy poca gente con las credenciales académicas y tecnocráticas de Escrivá. Y la colonización del escosistema institucional continúa mientras nadie explica – y menos que nadie la ministra de Hacienda – como se pondrá en marcha un cupo catalán sin dañar seriamente la financiación de las restantes comunidades autonómicas y, en particular, las más dependientes de las transferencias del Estado, como Canarias.

Canarias deviene, al mismo tiempo, unas de las comunidades más gravemente afectadas por ese cúmulo de ocurrencias malabares que el sanchismo se empeña en enmascarar como programa político. No existe ningún programa cabal y coherente, sino una incesante y esloganizada adaptación a las circunstancias buhoneras para seguir ocupando el poder. Uno de los objetivos del tempranero congreso federal del PSOE consiste en que los delegados se traguen un «impulso federalizante del Estado para igualar las condiciones de vida de ciudadanos y territorios» que en realidad solo será un artilugio retórico encaminado a prolongar y fortalecer la alianza con los partidos independentistas catalanes y vascos como apoyo indispensable para que los socialdemócratas continuar al frente del Ejecutivo. Si el PSOE dispusiera de un proyecto federal o confederal – lo que conllevaría una obligada reforma constitucional – debería exponerlo en las Cortes y estaría abocado a consensuarlo con el PP al menos. Pero la intención es presentar como «impulso federalizante» un conjunto de apaños y pegotes presupuestarios, financieros y reglamentarios. El nacionalismo canario no está no se le espera en ese guatatiboa sanchista. Solo cuenta con un diputado y mayoritariamente no es de izquierdas ni pretende serlo.

A España le urgen hace lustros reformas estructurales que no consisten en subidas de impuestos ni en reducir en media hora la jornada laboral. Canarias, no se diga. El bloqueo institucional las hace imposible. Frente al espíritu y el diseño del sistema constitucional –que exige amplios acuerdos sobre cuestiones básicas – se ha impuesto una lógica partidista de deslegitimación y envilecimiento del adversario. Quizás a otros les pueda ir bien en esa timba. A Canarias le va de pena. El sanchismo, estructuralmente, es un virus político letal para las islas.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents