Opinión | Cartas a Gregorio
Mi calle

Mi calle. / La Provincia
Querido amigo. La Calle Buenos Aires va desde una esquina de la Calle Triana y sube hasta la Avenida Primero de Mayo. Tiene una longitud de unos 500 metros aproximadamente repartidos en 56 edificios de entre dos y cinco plantas, salvo el Cabildo Insular que tiene seis.
A lo largo de esta calle hay aparcamientos para unos 40 vehículos, una parada de guaguas de 50 metros de largo, varios vados permanentes y 14 contenedores de basura.
Las aceras son de metro y medio y cuenta con dos carriles por donde transitan diariamente una gran cantidad de vehículos, por lo que el pavimento, a pesar de los continuos apaños que se hacen, está muy deteriorado y con baches que dificultan el tráfico rodado.
Con todo, la peor parte se la llevan los peatones que, entre el ruido, la contaminación del aire y la suciedad que se va acumulando alrededor de los depósitos de basura, convierten a esta calle en una de las más sucias y ruidosas de la ciudad.
El pavimento de las aceras es un embaldosado a modo de collage improvisado, un adoquinado multiforme que va cambiando a ritmo de las obras que se hacen, dejando un sinfín de grietas e irregularidades que son muy peligrosas para los viandantes.
Y se pregunta uno, Gregorio, si los vecinos de esta calle, que estamos pagando impuestos como la contribución, la recogida de basura y otros servicios del ayuntamiento, no tenemos derecho a vivir en una calle más limpia y menos ruidosa.
Será que el Cabildo de Gran Canaria, que ya se ha hecho con la mayoría de los edificios de dos plantas que construyeran los arquitectos Laureano Arroyo y Fernando Navarro a principios del siglo pasado, esté pensando en expropiar el resto de los edificios de la calle para seguir engrosando su ya cuantioso patrimonio inmobiliario.
Para colmo de males, hay dos edificios de acogida de migrantes donde la suciedad no la provocan los jóvenes acogidos sino los encargados del edificio, que diariamente se dedican a arrastrar las bolsas de basura por la acera hasta los contenedores, dejando un rastro de malos olores y de suciedad que los vecinos tenemos que ir sorteando para no llevarnos la mierda a casa pegada en los zapatos,
Todo esto está pasando en una de las vías más céntricas de la ciudad, Gregorio, porque en otros barrios más recónditos, seguramente no han visto nunca a un barrendero municipal ni saben lo que es.
Parece una broma de mal gusto que una calle que se ha hecho irrespirable se llame, precisamente, Calle Buenos Aires. Es como si las calles del barrio chino tuvieran nombres de santas, o que se publiciten en los periódicos con un anuncio que ponga: «Visite nuestro nuevo prostíbulo en La Calle de la Virgen…»
Pues esta es la cochambre que pretende ser La Capital de la Cultura, cuando más bien podría llamarse la Capital de la Basura…
Un abrazo, amigo, y hasta el martes que viene.
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