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Efectivos canarios trabajan en las calles afectadas por la DANA en Valencia

Efectivos canarios trabajan en las calles afectadas por la DANA en Valencia / Gobierno de España

Toda España llora inconsolable la tragedia de la peor dana del siglo. A lo que siempre se llamó gota fría ahora se le llama así, sin que por ello sea más efectivo el modo de combatirlas. Cuando la naturaleza se desata, el ser humano, soberbio por sus logros científicos, cree que podrá con ella, pero las catástrofes naturales son tozudas y en ocasiones (contadas pero terribles) superan lo previsto y la muerte arrolla de una forma tan inasumible que no hay forma racional de responder.

Seguramente podría haberse hecho mejor, y aunque seguramente se desoyeron muchas alertas o éstas no llegaron o llegaron tarde, hay formas grandes, dignas y llenas de humanidad y bondad a la hora de reaccionar ante el horror y formas odiosas. Y aunque una prefiere quedarse con esa otra riada de gente buena que se dirige a pie a las zonas arrasadas para ayudar, nunca podrá olvidar a esos otros subhumanos que roban, saquean y aprovechan el dolor incontenible para escalar un peldaño en su particular competición de iniquidad.

Luego están los políticos y, presuponiendo una que estarán tan horrorizados por la tragedia como el que más, hay muchas sombras en sus procederes que les señalan precisamente por su condición de responsables del bienestar de quienes les votaron. Fueron incapaces de retrasar en el Congreso el reparto sectario de TVE, porque los diputados no iban a ir a achicar agua según he leído en alguna parte, aunque resulta tan inhumano que podría tratarse de un bulo. El horror, el dolor y la empatía recorría a una España doliente cuando ya algunas hienas en la radio acusaban a partidos políticos que están en el poder por estar en contra del cambio climático y ya clamaban por depurar responsabilidades cuando los rescates casi ni se habían iniciado.

Una quiere creer que aprenderán de esto. Que se escuchará a los expertos que claman por limpiar el monte, que no volverán a echarse la culpa para sacar rédito político del dolor, ni esperarán a que se pida ayuda para ayudar mientras la gente muere. Esta desgracia nos interpela a todos y a ellos más. Y es hora de reaccionar.

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