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Opinión | Volando bajito

El calvario de Juana Rivas

La guinda de un amargo pastel

Juana Rivas.

Juana Rivas. / EP

La vimos llorar amargamente cuando tuvo que dejar en manos de su maltratador a sus dos hijos. Recuerden: la mujer que lloraba es quien hace casi una década gritó en el desierto el maltrato físico que sufría ella y descubrió en sus niños cuando los bañaba. Volvió a llorar y se escondió, arropada por mujeres que retaron a las autoridades judiciales y policiales con la frase «Juana está en mi casa», como protección. Decían que estaba loca. No es para menos. Acabó en la cárcel y con un deterioro físico evidente. La Fiscalía italiana acusó al exmarido de Juana de maltratar a los hijos de ambos. Sirvió de poco.

El caso de Juana pasará a la historia del maltrato patrio como una nube negra que casi se ha llevado por delante a una madre y ha marcado a sus dos hijos, el mayor de los cuales ya ha cumplido 18 años y desde Italia, donde vive con su padre maltratador en cumplimiento de una orden judicial, ha hecho un video llamada impactante pidiendo protección para su hermano menor ante la violencia que se vive en el hogar de papá. Inconscientemente, el chico ha encendido la mecha y casi una década después de iniciarse el proceso, ha sido el mejor defensor de Juana. Ahora, el hijo menor de Juana tendrá que declarar ante la Corte Civil de Cagliari (Cerdeña, Italia).

Llegará previsiblemente acompañado por su padre, Francesco Arcuri, imputado formalmente por la Fiscalía por maltrato físico y psicológico hacia los dos hermanos. El padre sigue negando las acusaciones e incluso de haber sido notificado del proceso. Mintió de nuevo. Al calvario que ha sufrido Juana Rivas y sus hijos hay que añadir la inacción de un sistema judicial que sigue permitiendo que el menor de diez años viva con su presunto agresor.

La guinda de un amargo pastel.

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