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Opinión | Utiaca

SALVADOR RUBIO

La mano de Onetti

Luis María Anson.

Luis María Anson. / EFE

Como dice la canción, soy periodista porque el mundo me hizo así. Como si fueran pelotas de trapo, jugaba con los periódicos viejos que perseguía por las calles desnudas de mi pueblo, donde sólo había piedras y basura. Pero si había un papel, y si éste era papel de periódico, allá iba yo como si fuera un niño jugando a la pelota y un muchacho ya obsesionado por lo que dijeran los diarios.

Cuando era un adolescente ya me hice del todo periodista; buscaba los diarios en las calles, pero también en las bibliotecas; en la escuela procuraba leer lo que fuera, y así además llegué a los libros y a su sustancia, hasta que finalmente puedo decir que fui periodista antes de ser cualquier otra cosa en la vida. Ahora contemplo el periodismo desde el lado desolado de la historia, porque el oficio, eso lo dicen hasta los jóvenes periodistas, ya no es lo que era.

¿Qué era, pues, el periodismo? Esta frase me la regaló hace cuarenta años un periodista canario, un poco petimetre, al que me encontré volviendo de un viaje a Roma. Él venía de escuchar a un maestro suyo, del que me habló durante el viaje al que nos llevó el azar. Me dijo este periodista, que entonces parecía que iba para escritor también, pero no llegué a saber si llegó a cualquier cosa de fundamento, que aquel maestro le había dicho una definición de periodismo que él mismo iba a adoptar como propia.

Me pareció que, además de petimetre, aquel muchacho que ya era periodista resultaba un engreído y, en sentido estricto, un robón, como decimos los de Utiaca. De todos modos, escuché la frase (“Periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente”) y me gustó tanto que desde entonces yo mismo he sido otro ladrón de esa frase. Tengo conmigo, desde entonces, esas palabras como una ventana, o un desafío, que he usado en conferencias y en debates, y también cada vez que he necesitado decir, a periodistas y no tan solo, cuál es el mayor valor del oficio.

He añadido a esas frases de aquel periodista legendario que me reveló mi compañero de viaje algunas otras frases, mías o ajenas, entre las cuales hay un libro entero (Los elementos del periodismo, de Bill Kovach y Tom Rosenstiel) que serviría para que los periodistas de ayer y de hoy (sobre todo los periodistas de hoy) no incurrieran en la desgracia mayor de este oficio que es el ego y el engreimiento.

Por cierto, el periodista al que aludía aquel amigo que me regaló aquella frase (“Periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente”) era Eugenio Scalfari, que fue director de LaRepublica de Italia, y que fue también, al final de su vida, el creador de otra frase más contemporánea y especialmente demoledora: “El periodismo es un oficio cruel”…. Con esas frases voy por el mundo haciendo apostolado del periodismo que he ido aprendiendo, y con ese libro, Los elementos del periodismo, voy haciendo que los que se me acercan sepan de qué lado del periodismo esto.

Estoy al lado del periodismo de Scalfari, de Bill Kovach, de Alma Guillermoprieto, de tantos periodistas que, antes de escribir lo que piensan tratan de saber de dónde viene lo que creen saber, para explicar a los lectores que aquello que están diciendo se corresponde verdaderamente con lo que verdaderamente han comprobado. El resto no es periodismo sino simulación de sabiduría que es el peor de los periodismos y que ahora está, en todos los medios, a la orden del día.

El otro maestro que me ha ayudado a impedir que se rompa del todo mi compromiso con el periodismo verdadero tiene poco que ver, como escritor, con el oficio, pero fue un enorme periodista (de la agencia Reuters, por cierto) antes de dedicarse con enorme éxito a la literatura. Estoy hablando del uruguayo Juan Carlos Onetti.

En una célebre sección que firmó para la agencia Efe de la época de Luis María Anson (de cuyo periodismo es preciso huir si no quieres caer en los peligros del ego), el maestro Onetti advertía contra aquellos que hacen, y qué daño hacen, información de sus ocurrencias. Cuando alguien está en esa tesitura y es periodista, Onetti decía que se tenía que golpear fuerte con la otra mano para que aquello que parece un hallazgo se quede en nada.

Decía Onetti que si te golpeas fuerte con la mano esa tendencia a creer que también tu ocurrencia es periodismo es una enorme majadería y desaparece, se evapora en medio de las razones verdaderas del periodismo.

Periodismo, le faltó decir a Onetti, es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente, y no lo que a ti te pasa por la cabeza… Y nada más, ni nada menos.

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