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Opinión | Volando bajito

Que la suerte nos acompañe

Agraciados con el Gordo de Navidad celebran que el número 88008 en la Administración “La Sarten del Sol” correspondiente al ‘Primer Premio’ del Sorteo Extraordinario de la Lotería de Navidad en Écija

Agraciados con el Gordo de Navidad celebran que el número 88008 en la Administración “La Sarten del Sol” correspondiente al ‘Primer Premio’ del Sorteo Extraordinario de la Lotería de Navidad en Écija / Joaquin Corchero - Europa Press

La vida de muchos cambiará hoy. Nos toca asistir al espectáculo anual de escuchar cantar el Gordo de Navidad. El azar está cerca y los bombos y los niños de San Ildefonso son una imagen familiar como repartidores de ilusiones y de millones. A estas alturas todos hemos pensado en qué invertiríamos el premio si el Gordo toca en la puerta. Viajes, regalos y asegurar de futuro de la familia y amigos especiales. En esa elección poco hemos cambiado aunque tal como está el acceso a una viviendas perece lógico que una casa sea hoy la necesidad primera. La lotería y su cantilena tempranera nos pone en guardia a veces incluso sin tener una mísera participación. Personalmente me encantan esas dos o tres horas en las que los reporteros entra y salen de la conexión buscando a los premiados; me gusta ver la emoción de los premiados rociados de sidra o champagne. Lo que tengan a mano. Esa imagen es siempre atractiva para los fotógrafos que un día como hoy se multiplican para cubrir la alegría de los premiados en varios puntos de la isla. Durante años he vivido la alegría de los premiados y lo que a veces destapan los millones. Recuerdo el caso de un hombre que celebró su suerte en un bar de Telde donde se dieron cita clientes y conocidos. Copas, gritos y abrazos. Cuando acabó la fiesta se dio cuenta de que los décimos premiados habían desaparecido del bolsillo de la camisa. Finalmente aparecieron en la calle. Éste otro caso ocurrió en Las Palmas. Un hombre fue tocado por la suerte. A los periodistas le contó su intención de compartir el premio con tres hijos a los que hacía años no veía. Y lo hizo. Sus hijos, de los que se había desentendido desde niños, no lo perdonaron. Hizo el reparto. Aceptaron el regalo y no volvieron a verle.

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