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Opinión | Aula sin muros

Promesas de año nuevo

Campanadas Fin de Año, Gáldar

Campanadas Fin de Año, Gáldar / La Provincia.

Se repite cada año. Después de las albricias y parabienes mutuos de la Navidad viene el fin de año que comienza con la cena, las campanadas y la costumbre hispana de las uvas que, si no se atragantan, vienen acompañadas de los buenos deseos y las promesas. Este es el momento del calendario, escribe José Saramago en la obra La muerte de Ricardo Reis en que «anda la gente entretenida debatiendo consigo las buenas acciones que intentan practicar en el año que entra, jurando que van a ser rectas, justas y ecuánimes, que de su emendada boca no volverá a salir una palabra mala, una mentira, una india, aunque las mereciera el enemigo». Se refiere el nobel a la gente corriente, normal porque lo que son las «otras», continúa el escritor, «las de excepción, las que se sitúan fuera de lo común, se ajustan a sus propias razones para ser y hacer lo contrario siempre que les apetezca o aproveche». Cambio de vida, dejar cualquier costumbre insana, cumplir las promesas que se han hecho al médico de cabecera o psicólogo. En la mayoría de los casos se trata de una vana ilusión del tiempo. Que, según el Diccionario, es la imagen formada en la mente de una cosa que no existe, a presente, tomada como real. Creencia vana con la que alguien se siente contento. Sencillamente, un iluso. Un estudio de la Universidad de Stanford confirma que más del 40% de los habitantes de Estados Unidos que se han propuesto nuevos planes para el nuevo año los han incumplido en las primeras semanas de enero. En una encuesta realizada en el Reino Unido, con un seguimiento a 3.000 personas, se comprobó que solo un 12% había cumplido sus buenos propósitos. Solo lo cumplen, aunque sea a medias, los que comparten sus buenos propósitos con amigos o gente que les ayuda a cumplirlos. La explicación psicológica a tanta pereza se encuentra en el cúmulo de información almacenada en el cerebro relacionada con la memoria inmediata. Se sufre cuando se toma conciencia de que no se cumple parte o todo lo comprometido con uno mismo. Se acompaña con cierto sentimiento de culpa al comprobar que no se ha cumplido lo prometido. Se compensa con la vuelta a la rutina. Mujeres y hombres son «animales» de costumbres y cuesta mucho afrontar nuevos retos. Tampoco ayuda mucho el ambiente generalizado a sufrir lo menos posible y el autoengaño, también generalizado y de moda de carpe diem. Un falso convencimiento de vivir al día cuando la realidad confirma que se vive inmerso en la preocupación y la obsesión por el porvenir y el futuro. Y seguir el consejo de Saramago que escribe: «No digamos mañana lo haré, porque lo más seguro es que mañana estemos cansados, digamos más bien pasado mañana, porque siempre tendremos un día de intervalo para cambiar de opinión y de proyecto (…) y tal vez ni siquiera sea preciso, si la muerte definitoria viene antes a librarnos del compromiso…». Pero antes de ese postrero momento, para los humanos de estas tierras atlánticas y tantas veces frustrados, que padecen y no hacen la historia, se sobrevive con pensar en una liberación más pedestre, cercana y pasional, que también es una ilusión: que los Carnavales están cerca.

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