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Opinión | Nuestro mundo es el mundo

Una mayoría muy abollada

Pedro Sánchez en la conferencia de embajadores celebrada en Madrid.

Pedro Sánchez en la conferencia de embajadores celebrada en Madrid. / José Luis Roca

Gobernar exige mayoría. Sánchez la tuvo para ser investido. Y la mantiene, pero solo a ratos y con trifulcas continuas. ¿Es una mayoría que se desmorona? Como mínimo, está abollada y agrietada. Lo hemos visto con lo que el Gobierno llama reforma fiscal y en realidad es solo un incremento de impuestos para recaudar más, mantener el gasto público y cumplir con las normas europeas.

A trancas y barrancas, el Gobierno ha sacado el paquete fiscal y el impuesto a la banca, pero con una relevante derrota. Se ha tumbado el de las eléctricas con el voto de Junts y el PNV. Es una abolladura que sería menos grave si la mayoría asumiese que es muy plural y que solo saldrán las leyes en los que todos -desde Junts a Podemos- estén de acuerdo. Gobernar es muy complicado sin Junts y el PNV, porque pueden coincidir con el PP en ciertos asuntos. Los socios de izquierda solo pueden paralizar. Que no es poco.

En la práctica la mayoría no asume su complejidad. El impuesto a las eléctricas está muerto. Pero para evitar una explosión, el Gobierno ha prometido a sus socios de izquierda (Sumar, Podemos, ERC y Bildu) que aprobará un decreto-ley que lo restablezca. Aunque luego -en febrero- sea vuelto a tumbar por Junts y el PNV. ¡Un estúpido autoengaño! La realidad es que la mayoría se está quedando sin relato de futuro. Abono del escepticismo y la desorientación social.

Para Sánchez lo peor no es que la mayoría ‘progresista’ se quede sin relato, excepto el negativo de impedir un gobierno PP-Vox, sino que es el propio Gobierno el que está perdiendo el relato. El pacto PSOE-Sumar prometía las 37,5 horas. Pero la mayoría de los convenios ya cumplen este requisito y extenderlo con carácter general puede causar problemas en pequeñas empresas y comercios.

Los empresarios se oponen y Carlos Cuerpo, ministro de Economía, sabe que, sin los empresarios, lo más probable es que la ley no sea luego aprobada en las Cortes por el voto en contra de Junts y el PNV. Por eso propone flexibilizarla y ampliar el plazo a 2026. Pero la vicepresidenta Yolanda Díaz, irritada porque necesita frenar el desplome de Sumar, contesta: "es muy grave que los socialistas quieran incumplir una medida del pacto de Gobierno con Sumar. ¿Podemos hacer política engañando a la gente?"

Claro, cuando Yolanda Díaz dice que los socialistas -o sea Sánchez- incumplen y engañan está proclamando que el Gobierno no tiene ni programa ni relato. ¿No sería más rentable -para ella y para el Gobierno- admitir que la medida no se podrá aplicar tal como se planteó, porque una parte de la mayoría de la investidura votaría en contra? A Yolanda Díaz no le preocupa la credibilidad del Gobierno. ¿Cree que así salva la suya?

Son solo las grietas más visibles. Además, Podemos quiere que sus cuatro escaños pesen tanto como los siete de Junts. Pero a Puigdemont le importa un pito la mayoría progresista. A corto tiene tres objetivos: que la amnistía sea efectiva, o sea que Sánchez siga; protagonismo en Madrid para compensar su pérdida de peso en Catalunya; y ganar respetabilidad dejando de ser un apestado para la derecha económica. Juega sus cartas.

La moción de confianza es un farol. Es una facultad del presidente y nada puede obligarle a presentarla. Lo que Puigdemont lanza es que no aprobará los presupuestos hasta que se aclare lo de la moción de confianza. ¿Febrero? Luego… Puigdemont no quiere matar a Sánchez, pero si debilitarle. ¿Para exprimirlo? Si, pero también porque su imperativo es la Generalitat. Y, humillando a Sánchez, también daña a Illa.

Junts no es el PNV, cómodo con Sánchez porque manda en Euskadi y el PSOE le ayuda. A Puigdemont no le motiva la estabilidad de Sánchez. Por dos razones. Porque Catalunya, con sus indultos y su amnistía, se normaliza (el independentismo ha perdido la mayoría y fuerza en la calle) y porque su prioridad es la Generalitat.

Otra razón por la que la mayoría de la investidura (y Sánchez), sin un mínimo de coherencia, pierde credibilidad y proyecto. Y el PSOE tiene graves y complicados embrollos judiciales. La economía tira, pero el año no acaba bien para el Gobierno. Aunque, cierto, Sánchez sigue con el BOE y, hoy por hoy, no hay moción de censura posible que le pueda descabalgar.

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