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Opinión | Ida y vuelta

Manolo Ruiz y Sánchez Robayna

Andrés Sánchez Robayna.

Andrés Sánchez Robayna.

Al superar los 80 años de vida, el pintor Manolo Ruiz ha seguido mostrando su impulso creativo, la luz y la sombra atlántica. Nacido en el barrio de San José, desde pequeño supo que el mundo del arte le salía al paso pues su padre tenía un taller de torneador de la madera, donde aprendió la forma en que un objeto cotidiano puede convertirse en arte. Como en su momento escribió José Luján, el joven Manolo entendió pronto el proceso de transformación de la realidad en una obra artística, no en vano su propio padre emprendía ese proceso. Antes de cumplir los veinte, entra en la Escuela Luján Pérez, donde lo reciben Cirilo Suárez y Felo Monzón. Ambos apreciaron el valor de un autorretrato que portaba como presentación.

Un pintor constante acompañado en su labor por Valme, su mujer. Desde 1986 fue nombrado profesor de la Escuela Luján Pérez, siendo presidente el escritor y crítico de arte Agustín Quevedo, y su director Felo Monzón. Su primera muestra individual se celebró en la Galería Wiot en 1967. Expuso con frecuencia en la sala de arte del Club Prensa Canaria, en el CICCA y otras galerías de nivel. Felo Monzón y Miró Mainou son sus referencias más frecuentes, y a partir de su sentido de la observación pinta los paisajes de la isla, los bordes del mar y del volcán, con su pintura expresionista.

El pincel de Manolo Ruiz ha tenido diversos registros, desde el retrato al bodegón y al paisaje. Junto con su mujer pintó al natural muchos paisajes de la isla, desde las arideces del sur al Puerto, la zona de Bañaderos, la acción del mar en la costa desde San Cristóbal al Confital, el oleaje del norte. Esas miradas a la naturaleza sirvieron para que impregnara su memoria de color, de la atmósfera atlántica. Sabe reflejar el oleaje, la claridad y la sobriedad del paisane insular. Un pintor humilde y tenaz que ahora ha merecido un meticuloso trabajo biográfico elaborado por el historiador Juan Francisco Santana, el hombre empeñado en devolver la dignidad al antiguo municipio de San Lorenzo que está elaborando una encomiable serie de recorridos vitales que comenzó con la figura de Pino Ojeda y ha proseguido con otros nombres de nuestra cultura como Francisco Lezcano, Viví Milano, etcétera.

El acto de presentación del libro «Manolo Ruiz o la magia del instante», se celebró en la Escuela Luján Pérez y forma parte de la colección literaria ADOC, coeditada por la asociación Adoc de Albertine de Orleans y Beginbook ediciones.

Mala noticia la desaparición a los 72 años de Andrés Sánchez Robayna, catedrático y poeta, hombre de mirada interior, sabio y mesurado que navegó contra corrientes muy adversas en el encrespado mar de la cultura canaria. Su hondura lírica y su capacidad ensayística estarán siempre en un primer plano, pues, a pesar de que cultivemos tantos enemigos, hay que saber sobrevivir, y eso ya constituye un gran mérito. También fue editor, en aquella memorable editorial de Aurelio Concepción, en plenos años 80. Fue en Interinsular Canaria, un proyecto que luego colisionó con la Biblioteca Básica Canaria. Nos ha dejado sin haberle sido concedidos los mayores galardones del territorio.

Para el crítico Juan Manuel Bonet su poesía es esencial, minimalista, luminosa e inscrita en el horizonte insular. En ocasiones es una voz doméstica, su filosofía, su vida, su mujer fallecida antes de tiempo. Vivía en Tegueste, un pueblo apacible que está dentro del municipio de La Laguna. Había desentrañado la obra de Cairasco, Tomás Morales, Alonso Quesada y Agustín Espinosa. Trabajó a Góngora, Lezama, Octavio Paz o Valente, como traductor y antólogo, y estudió la obra de Salvador Espriu, Wallace Stevens, Valéry, etcétera. He aquí algunos de sus versos: «La misteriosa sombra del ramaje /en nuestro rostro. Vimos / la sombra y la ceniza, / una forma, tal vez, del destino en la hierba…» Su monografía sobre el pintor Jorge Oramas es un clásico.

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