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Opinión | Mirando despacio

Un completo desconocido

Timothée Chalamet como Bob Dylan en el biopic de James Mangold.

Timothée Chalamet como Bob Dylan en el biopic de James Mangold.

Nominada a ocho premios Óscar, la película «Un completo desconocido» de James Mangold se presenta como una crónica impecable relacionada con el salto a la fama de la leyenda musical Bob Dylan. Músico, compositor, cantante, poeta,…obtuvo todo tipo de premios a lo largo de su carrera, siendo galardonado incluso con el Premio Nobel de Literatura en el año 2016. Aquel joven misterioso de mirada lánguida se hizo rápidamente hueco entre los mejores cantantes del folk allá por los años sesenta. Una voz diferente, una guitarra única y letras de protesta social ¿fueron suficientes ingredientes para vender 125 millones de discos? ¿Cuál fue el secreto de su enorme éxito?

Malcom Gladwell en su libro «Fuera de serie» desvela las claves del éxito de personajes de la talla de Bill Gates, Steve Jobs o incluso los Beatles. Todos ellos tienen algo muy importante en común; dedicaron miles de horas antes de llegar a lo más alto. Descubro leyendo el ensayo la regla de las 10.000 horas. Gladweell argumenta que además del talento y la pasión, el esfuerzo diario es imprescindible para alcanzar los objetivos propuestos. Se atreve a marcar tiempo a ese esfuerzo, nada más y nada menos que un mínimo diez mil horas para alzarse con la fama.

Recuerdo ahora muchas escenas de la película donde Dylan efectivamente aparecía mimetizado con su guitarra o aquellos momentos que reflejaban como el cantante se desvelaba de madrugada para seguir componiendo. Además de ese afán incansable y todos esos años dedicados a la música, sin duda, Bob Dylan llegó a la cima gracias a su espíritu indomable. Sus temas sociales, filosóficos, políticos… revolucionaron y desafiaron la música comercial de la época y marcaron un gran punto de inflexión. Fue muy valiente por su parte el hecho de abandonar la música folk y empezar a componer rock. Se podría haber acomodado en «Blowin in the win» pero… he aquí otro de los elementos de su éxito: Dylan transitó el necesario proceso de insatisfacción de todo artista. Desde esa incomodidad continuó su búsqueda, siguió creando y siguió creciendo.

Investigo algo más sobre las claves del éxito y me ayudo de la RAE: «resultado feliz de un negocio» o «buena aceptación que tiene alguien o algo». A priori parece una definición completa; si nuestros proyectos se ven recompensados con triunfos y somos aplaudidos por los demás, saldremos victoriosos y por tanto quedaremos satisfechos…

En el largometraje se muestra perfectamente como Dylan era aclamado por sus fans, se presentaba casi como un Dios para muchos, se lo rifaban las grandes discográficas y aún así se mostraba iracundo e infeliz. En el camino hacia la cúspide había perdido su esencia. Necesitaba crear algo nuevo y en contra de la opinión de sus productores dio un giro a su carrera hasta encontrarse de nuevo con él mismo. Otro tipo de música nació de sus adentros, una música que se acercaba más a su espíritu emprendedor y rebelde…

La reflexión está pues servida si nos preguntamos dónde radica verdaderamente el éxito. ¿Siempre debe vincularse a proyectos profesionales? ¿Todas las personas famosas son personas exitosas? Observando profundamente a personas felices de diferentes ambientes y estatus, me atrevo a completar la definición de la RAE: el éxito se consigue cuando estamos en paz, cuando sonreímos cada día por lo que somos y agradecemos poder compartir nuestra vida con las personas que nos acompañan. El éxito se consigue, también, cuando somos capaces de alegrarnos por los éxitos ajenos, incluso más que la propia persona afortunada. Coincido con Gladwell, debemos dedicar muchas horas para conseguir este tipo de éxito. Quizá nos parezca una locura cumplir 10.000 horas en lecturas, cursos, terapias, psicólogos y trabajos de desarrollo personal que nos ayuden a atravesar nuestras incomodidades y nuestros miedos. Horas de silencio y mirada hacia el interior para descubrir nuestra esencia, para reconciliarnos con nuestro pasado y abrazar a nuestro niño herido. ¿Existe mayor éxito que sanar, alcanzar nuestra mejor versión y comenzar a vibrar desde el amor?

Ojalá nunca confundamos el éxito con el bienestar económico o la popularidad. Todos conocemos personas que triunfan en sus empresas, personas que escalan puestos en sus negocios y ganan mucho dinero. En ocasiones estas personas se despegan de la sociedad y pareciera que ya nada les conmueve. Muchas veces, a los ojos de los demás y a los suyos propios se han convertido en completos desconocidos.

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