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Opinión | Isla martinica

Por unanimidad

Dani Alves y su abogada, Inés Guardiola, a su salida del Palacio de Justicia de Barcelona.

Dani Alves y su abogada, Inés Guardiola, a su salida del Palacio de Justicia de Barcelona. / EP

Hay una frase que me persigue y a la que he convertido en regla de oro. Su autor no me resulta especialmente atractivo, salvo por la heroica resistencia presentada a la enfermedad que le condena a llevar un parche sobre un ojo, ocultando los efectos devastadores de un tumor cerebral. Aunque el escritor no sea santo de mi devoción, la frase de Trífero, la obra en la que se incluye, figura con honores entre los principios de un servidor: “el ruido es el accidente que acompaña a los comportamientos impropios”. De hecho, la discreción y el silencio, sobre todo el silencio, son los atributos que mejor me definen. No me gusta el ruido, el escándalo ni el protagonismo nacido del enfrentamiento y la vanidad. Por ello, siempre estoy alerta, en lo personal y en lo público, a todo lo que contravenga este principio de conducta.

En el caso de Dani Alves, el futbolista brasileño absuelto por el tribunal de apelaciones de Cataluña, se ha traicionado esta regla de oro, no una, ni dos, sino hasta tres veces, las mismas que atiende el fallo revocatorio de la sala de Barcelona. Por unanimidad, se ha valorado que el acusado de agresión sexual, sentenciado a cuatro años de privación de libertad en primera instancia, no reúne los requisitos jurídicos necesarios para semejante condena. Al contrario, no existen suficientes elementos probatorios para anular la presunción de inocencia. Dicho de otro modo, aquellos que hicieron ruido mediático para intoxicar el juicio han recibido un duro varapalo, dejándoles en un silencio aplastante. Ojalá hubieran tenido la delicadeza de respetar el principio de Saúl Trífero, el peculiar personaje de la novela de Ray Loriga.

Por unanimidad de cuatro magistrados, tres de ellos mujeres, hecho nada desdeñable, como tampoco lo es que un par de las juezas sean, a su vez, reconocidas públicamente como miembros activos de asociaciones progresistas, se ha comprendido que comprometer la presunción de inocencia conduce al caos jurídico. La ley del “sí es sí”, el particular engendro de Podemos y el feminismo resentido y obsceno, supone un claro desafío al artículo 14 de la Constitución Española y un alegato descarado en pos de la gratuita criminalización del varón. En este sentido, el texto de la sentencia revocatoria del Tribunal Superior de Cataluña es un magnífico recordatorio del valor jurídico de los derechos fundamentales de las personas a la hora de ser enjuiciadas y, entre ellos, señaladamente el de la no-culpabilidad del individuo hasta que se demuestre, sin rastro de duda, lo contrario. Si me preguntaran, hasta diría que el fallo es más propio de un tribunal de garantías que de uno de apelaciones. Tal es la envergadura de su contenido y proyección.

Por unanimidad de una parte significativa de la sociedad, al estar perfectamente representada en los cuatro magistrados responsables de la revocación y sus diferentes posicionamientos ideológicos de partida, se ha concluido que someter al hombre, por el simple hecho de serlo, al escarnio penal es clamorosamente injusto, además de irracional. El derecho genera justicia y la justicia replica el sentido común previamente purificado por la razón. Por fin, un tribunal de España lo ha refrendado en la supuesta violencia ejercida sobre una mujer.

El silencio, siempre el silencio, antes que la bulla y el ruido, debe guiar los pasos del hombre. En el caso de Dani Alves, sólo él lo ha respetado. Enhorabuena por el fallo.

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