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Opinión | RETIRO LO ESCRITO

Un asco

Ni por un instante se preocupan por un uso no proporcionado de la fuerza policial. Otra coincidencia es que, después de insultarte un poquito, todos se refieren al «amo que te paga».

Vídeo del tiroteo en el aeropuerto de Gran Canaria: así actuó la Policía ante un asaltante armado con cuchillo

La Provincia

Hace dos o tres días publiqué aquí un artículo sobre la desgraciada muerte de un joven inmigrante procedente de Gambia e instalado haya ya varios años en Gran Canaria, llamado Abdouli Bah. Ocurrió en el exterior del aeropuerto: el pibe se había metido en un taxi y solicitado que lo llevara a Las Palmas, el taxista pidió el importe de la carrera por adelantado, el gambiano sacó entonces un cuchillo, el taxista, al observarlo por el retrovisor del vehículo salió corriendo y entró como una exhalación en el recinto aeroportuario y denunció lo ocurrido en el puesto policial. Cinco agentes salieron en busca del inmigrante.

Lo encontraron deambulando por el exterior, pero sin amenazar, ni siquiera dirigirse a ningún transeúnte, todavía con el cuchillo en la mano. Corrieron hacia él y, al percatarse, el pibe se lanzó a la carrera. En un momento dado intenta dar media vuelta para dirigirse en dirección opuesta, tropieza entonces con uno de los policías, casi cae al suelo, pero se recompone y sigue corriendo, hasta que los agentes lo alcanzan. Los observa un segundo. Lleva el cuchillo en la mano. Y a cuatro metros de distancia los policías disparan. Una bala lo mata.

Eso es más o menos lo que dice el atestado y puede verse en la grabación de las cámaras del aeropuerto. Yo escribí mi pequeño artículo pidiendo que se abriese una investigación interna en la policía, amén la que se realiza – o al menos eso espero – en el correspondiente juzgado. En Canarias no es usual que muera una persona a las puertas de un aeropuerto. Hace unos años, en el aeropuerto Reina Sofía, fue testigo de cómo un individuo alto, huesudo, con barba pelirroja, le sacaba una navaja a un securita mientras le gruñía amenazas.

Aparecieron dos agentes de la Policía Nacional, sacaron las porras y le comunicaron al amable turista la hostia que se llevaría si no colocaba la navaja en el suelo. Y así ocurrió. La muerte de una persona casi rodeada de policías que abren fuego sobre él sin ningún disparo de aviso merece una investigación, si no es que la exige.

He recibido por distintos medios una docena de mensajes de lectores al parecer muy aireados por esta humilde petición. Solo le contesté al último, porque ya estaba harto de la mezcla de idiotez, ignorancia y malignidad de todos ellos. Sin excepción son remitentes en los que se aprecia una magnífica opinión de sí mismos y un cierto espíritu patriota. Es gente que ve lo que ansía y confirma sus basurientos principios: un negro que amenazaba a miles de personas y que «había intentado agredir a un policía» (tropezar con el policía es una agresión).

Asombrosamente casi todos los mensajes deslizaban una misma pregunta: «¿Te gustaría que amenazaran a un familiar tuyo con un cuchillo?» Preguntarse a sí mismos si les gustaría que su padre, su hermano o su hijo resultaran muertos por un disparo de arma reglamentaria no se les ocurre, por supuesto, porque quien cae muerto es otro, es casi radicalmente otro, es oscuramente otro. Ni por un instante se preocupan por un uso no proporcionado de la fuerza policial. Otra coincidencia es que, después de insultarte un poquito, todos se refieren al «amo que te paga».

Es imposible saber lo que borbotea en el cerebro cloacal de estos memos, si el amo que me paga es George Soros, Pedro Sánchez o el Tío Gilito, si recibo la abrumadora soldada en criptomonedas, en lingotes de oro o en pipas de girasol. Lo indudable es que está al acecho. Que no se permiten distracciones. Que tienen claro que se debe utilizar la mano dura con negros, gitanos rumanos, panchitos y demás ralea. Que los periodistas cuyas opiniones no coinciden con sus necedades son también negros, gitanos, panchitos y demás ralea. Los muertos, sin duda, son lamentables, pero bien muertos están si finalmente merecieron una intervención urgente y preventiva de las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado. Son ustedes un asco.

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