Opinión | Cartas al Director
J. A. Vietes
En defensa de Quevedo

Carla Gil Alberiche
Querido, director:
No ha querido saber, pero sabrá, que vengo a defender el honor de Quevedo. No hablo del siglo de oro, aclaro, no tengo intención de generar ningún tipo de confusión en algunos de sus articulistas anclados al siglo XVI.
Tanto usted como yo hemos leído la columna «Quevedo, la generación desafinada», y es probable que lo hiciéramos en circunstancias parecidas. Sin embargo, usted ha decidido difundirla y yo repudiarla. He escupido de rabia a la pantalla del móvil y la he limpiado posteriormente con una toallita limpiagafas del Mercadona.
Antes de nada, quiero decirle con total sinceridad que jamás he tenido motivos para escribir a LA PROVINCIA/ DIARIO LAS PALMAS, hasta hoy. Ni por la vivienda, ni el precio de la pechuga de pollo, la gasolina o Carolina Darias, pero se ha mancillado el nombre de un artista, en dónde converge la condición de local e internacional, de una forma tan poco original que me he visto obligado a dejar la corrección de mi manuscrito y redactar esta carta que no tengo intención de corregir.
Lo primero que hice fue buscar «Quevedo» en Google. No sé si hubo siglo de oro, no obstante, en Gran Canaria no hay oro que no cuelgue de su cuello, cuyo molde pudo ser una de las pirámides del Centro Comercial Las Arenas. De los 3,5 millones de seguidores que tiene, soy yo el que viene a dar la cara.
Si usted es un director leído, habrá notado una referencia directa a Javier Marías al inicio de esta carta. Cuando escribo, no pienso si el resultado puede ser comparado al de William Faulkner, James Joyce o Roberto Bolaño: no soy un demente. Una pena que su articulista Rubén Reja sea capaz de comparar a Quevedo con Sabina y Queen, pero no de exigirse a sí mismo un punto de vista original.
Equipara calidad musical y aspecto técnico. Como si una propuesta estética interesante dependiera exclusivamente de la técnica. Holden Caulfield le responderá por mí: «escribir bien no es saber poner puntos y comas». Como hemos visto en Bad Bunny, Bad Gyal y Bad, de Michael Jackson (dirigido por Scorsese), no es necesario tener una gran técnica para ser un gran artista.
Quevedo no solo llenó el estadio con 41.000 personas, sino que cedió espacio a Los Gofiones en el concierto más importante de su carrera. Asimismo, gracias a su música, muchos de nosotros (los sordos que perdieron el norte) llevamos mejor el hecho de no tener acceso a la vivienda, de no poder comer pechuga de pollo fresca y de conducir en reserva.
Hay un verso en el último disco de Tote King que dice lo siguiente:
Dará entrevistas con medios paletos que dirán
¿Qué piensa Quevedo de Quevedo?
y mierdas de esas que darán vergüenza luego.
Podemos leer el buscón y cantar donde quiero estar.
Hasta siempre, shibattos.
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