Opinión | Reseteando
De Quevedo y de ‘Somos costeros’
Lo que pasó en el Estadio supera los contornos de la música: el protagonista toca la fibra de una masa que agita la diferencia isleña

Carla Gil Alberiche
No creo que exista un lugar en el planeta donde se haya producido una fusión como la del sábado en el concierto de Quevedo. La confluencia entre el Pío Pío, el Somos costeros de Los Gofiones, la bandera tricolor y la entrega a muerte de 40.000 quevedianos nos vuelve a convertir en distintos, en grancanarios que galopan sobre sus singularides ultraperiféricas. Lo marketiniano ocupa ahora todos los espacios, pero no con la destreza para colocarnos una fórmula como la que acabamos de vivir. Quiero decir con esto que todavía ando petrificado dándole vueltas a este posicionamiento colectivo, más bien fenómeno de masas, que se inclina más hacia el territorio de la espontaneidad que al de la planificación minuciosa. Otra cosa es la manera en que los captores de tendencias reelaboren la novedosa circunstancia.
Lo que ha pasado en la cita del Estadio supera los contornos de la música, es decir, va más allá de que Quevedo guste más o menos, o que abra la corteza neuronal de los que se vean interpelados para practicar una reflexión sobre el envejecimiento cultural.
Identificación
Superado el trance del enjuiciamiento, queda ahí el arrastre de un joven que revitaliza la identificación de miles y miles con su espacio, con el lugar donde nacieron, familias, abuelos, casas, el equipillo, el honor grancanario, uno de los nuestros, la madre, la amistad, el hermano de sangre y el que aparece en la vida... Valores que cohesionan y que manifiestan una confortable convivencia con la tradición.
Para el momento que vivimos, tan perturbador y con más de un pozo trágico de insatisfacción, el método de Quevedo resulta gratificante y pacificador para unos padres que tratan de encontrar la brújula para el diálogo con sus hijos multifacéticos.
En defensa de Quevedo
Rubén RejaQuevedo, la generación desafinada
¿Cuándo se ha visto una marea como la asistió al concierto del tour Buenas Noches que canta el tema popular de Pancho Guerra, al tiempo que pide la vuelta de los amarillos a Primera y se congratula de que Quevedo sea un pibito como ellos, que estudió en el mismo colegio, y que conoce muy bien las bombas trampas que ellos tienen que sortear a diario?
Tomemos nota
Hay que tomar nota de estos movimientos pendulares donde el resultado es consecuencia de una mezcla de ingredientes cercanos, por otra parte, al hartazgo por la situación socioeconómica de Canarias, especialmente lastrante para los adolescentes y jóvenes que tratan de abrirse camino, y plagada de incertidumbres mayores para los que vienen detrás.
Quevedo ha sabido tocar esa fibra del isleño que esgrime su diferencia, una identidad caldeada entre la masificación turística y el subempleo que ha empezado a encontrar cauces de expresión en la literatura y la música. No tiene nada que ver con el nacionalismo, es simplemente el lugar donde viven y el resultado del modelo. Piden aire. Hay asombro y vestimentas desgarradas, voces puristas que reclaman orden, pero «somos costeros», como fluye en la canción.
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