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Opinión | El análisis

CARLES PLANAS BOU

El polémico filósofo de Trump

El president dels Estats Units, Donald Trump

El president dels Estats Units, Donald Trump / Europa Press/Contacto/Samuel Corum - Pool via CNP

La democracia se ha agotado y necesita ser reemplazada por un líder absoluto, un monarca, un dictador que se haga con el control total para desmantelar el statu quo. Durante años, esta radical visión del mundo deambuló sin pena ni gloria por los márgenes de internet. Sin embargo, ahora goza de cada vez más influencia en los grandes centros de poder de EEUU, de la Casa Blanca a Silicon Valley. Pensamientos abstractos que la presidencia de Donald Trump ha materializado. Una bola de demolición del sistema que ha empezado a moverse.

Es la fórmula que propone el polémico pensador Curtis Yarvin. Programador informático y bloguero de extrema derecha conocido por el apodo Mencius Moldbug, Yarvin es el principal referente teórico de la llamada ilustración oscura o neorreaccionarismo (NrX), un movimiento filosófico y político que menosprecia valores liberales como la igualdad, aboga por destruir el orden democrático «maligno» y por instaurar un capitalismo tecnoautoritario de corte neofascista en forma de monarquía absolutista.

Desde 2007, Yarvin ha elaborado una teoría de por qué EEUU está roto. Según él, el Gobierno es ineficaz («apesta», dice) y el presidente, limitado por la separación de poderes, tiene un «poder insignificante» para aplicar su agenda. En sus escritos, una versión más articulada y pomposa de los discursos de Trump, señala que medios de comunicación y universidades de élite ejercen de poder en la sombra -apodado La Catedral- al fijar los límites de lo políticamente aceptable para manipular a la sociedad y hacerla virar a la izquierda. El progresismo habría dañado tanto la cultura, la sociedad y el gobierno que ahora se necesitan medidas extremas para revertirlo, lectura que coincide con la conspiranoica denuncia del «Estado profundo» y del movimiento woke que Trump popularizó.

Yarvin plantea una solución: instaurar a un líder que ostente el poder absoluto y pueda ignorar tanto al Congreso como a los tribunales. «El nuevo régimen debe gobernar por decreto (...) y utilizar este estado de excepción para construir un nuevo Estado de derecho», ha escrito. Sin votantes, funcionarios o jueces que se opongan, el presidente podría gobernar como si fuese un director ejecutivo; el país, su empresa, y los ciudadanos, sus accionistas. Este «cesarismo del siglo XXI» debe estar encabezado por un «tío de startup» como en su día fueron, dice, Napoleón y Stalin. Hijo de funcionarios, Yarvin cree que esa figura autoritaria deberá ejecutar una profunda purga del Estado, dejando solo en pie a fuerzas de seguridad y órganos financieros, bajo el control del monarca. Un plan bautizado como RAGE (rabia en inglés y acrónimo de Jubilar a Todos los Empleados del Gobierno) que profetizó la embestida de Trump y Elon Musk contra los funcionarios. Su corpus ideológico ha convertido a Yarvin en un referente intelectual de la Derecha Alternativa, un movimiento nacionalista blanco de extrema derecha que criminaliza el orden liberal y exige medidas drásticas contra el sistema. Ambos han hallado en Trump un aliado que ha normalizado ideas antes marginales, purgar a quienes se oponen a ellas (desde demócratas al establishment republicano tradicional) y sembrar un creciente desdén social por la democracia. Eso es lo que lleva a expertos como Timothy Snyder, historiador experto en tiranía, a considerar que un golpe «está en marcha» en EEUU.

La agresiva acción política de la Administración Trump rezuma influencia neorreaccionaria. Se ve en los recortes masivos, en dar cargos administrativos a aliados, en la instrumentalización de la justicia para perseguir a opositores, en la retirada de financiación a medios como NPR o PBS o en el asalto sin precedentes contra instituciones académicas como la Universidad de Harvard. Sus ideas se han infiltrado en la Casa Blanca de la mano del vicepresidente, J.D. Vance, potencial heredero de Trump, según Yarvin, «perfecto en casi todos los sentidos».

Yarvin propone ideas aún más incendiarias. Cree que la inteligencia se debe a raíces biológicas, que no todos los grupos étnicos son igual de listos. Su solución para frenar la delincuencia es instalar un monitor de vigilancia en el tobillo de pobres y desempleados. Y propone deshacerse de la gente «no productiva» convirtiéndolos «en biodiésel» o aislándolos en celdas de realidad virtual. «La solución ideal consigue el mismo resultado que el asesinato en masa, pero sin ninguno de los estigmas morales», escribió.

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