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Opinión | Reflexión

Cuando el trabajo nos hacía libres

Auschwitz (Poland), 27/01/2025.- A handout photo made available by the German Government Press Office showing German Chancellor Olaf Scholz (C) and his wife Britta Ernst (R) visiting the former Nazi concentration camp Auschwitz-Birkenau, Poland, on the 80th anniversary of the liberation of the camp 27 January 2025. (Polonia) EFE/EPA/Marvin Gungor HANDOUT HANDOUT EDITORIAL USE ONLY/NO SALESHANDOUT EDITORIAL USE ONLY/NO SALES. HANDOUT EDITORIAL USE ONLY/NO SALESHANDOUT EDITORIAL USE ONLY/N

Auschwitz (Poland), 27/01/2025.- A handout photo made available by the German Government Press Office showing German Chancellor Olaf Scholz (C) and his wife Britta Ernst (R) visiting the former Nazi concentration camp Auschwitz-Birkenau, Poland, on the 80th anniversary of the liberation of the camp 27 January 2025. (Polonia) EFE/EPA/Marvin Gungor HANDOUT HANDOUT EDITORIAL USE ONLY/NO SALESHANDOUT EDITORIAL USE ONLY/NO SALES. HANDOUT EDITORIAL USE ONLY/NO SALESHANDOUT EDITORIAL USE ONLY/N / Marvin Gungor HANDOUT. EFE

En mi visita a Auschwitz descendí al infierno bajo un arco que nos saludaba con la leyenda Arbeit macht frei, el trabajo nos hace libres. No imaginaba cuánto me quedaba por ver y ya me estremeció el cinismo de quienes recibían así a los prisioneros mientras convertían en lugar de exterminio aquel supuesto campo de trabajo.

El caso es que hubo un tiempo en que yo también creí en el trabajo como acceso a mi libertad adulta. Lo habitual entonces era que apenas terminábamos los estudios, o al poco de cumplir el servicio militar, el objetivo inmediato consistía en estabilizar la vida a través del empleo, cuyo fruto nos posibilitaría la ansiada emancipación para dar cumplimiento a tantas ilusiones forjadas en la larga espera de la juventud.

Es verdad; estábamos convencidos de que el trabajo nos permitiría el acceso a la libertad en un proyecto de vida organizado y gratificante; luego, el resultado final ya sería harina de otro costal por las tantas vicisitudes incontrolables que pudieran acecharnos. Pero llegado el caso, si para lograr nuestro empeño era necesario no sólo el empleo sino aun el frecuente pluriempleo, pues se asumía también como oportunidad positiva para cimentar un futuro libre y autónomo.

Quizás en eso tuviera mucho que ver un cierto sentido de lo que podríamos llamar como teología del trabajo; esto es, que pese a la parte cansina y dolorosa que conlleve como efecto de la primera maldición bíblica, el trabajo constituiría la respuesta al compromiso de colaborar en la obra creadora de Dios, continuando su tarea constructiva a lo largo del tiempo por medio de nuestro esfuerzo. No cabe duda; se trata de una visión hermosa, positiva y con capacidad para estimular la entrega generosa en cuantos prefieren entender el quehacer humano desde otra dimensión.

Pero está claro que las sensibilidades han cambiado al cabo de los años. Dudo mucho que las nuevas generaciones se identifiquen con la misma percepción sobre ese supuesto carácter liberador del trabajo y, a la contra, presumo que muchos valoren más el tiempo libre, las actividades de holganza, la dolce vita. Conocemos las dificultades reales de muchos empresarios para conseguir mano de obra y para que la oferta en el mercado de trabajo encuentre candidatos suficientes que lo demanden. Cada día escuchamos las aspiraciones de tantos que sueñan en construir su futuro laboral fascinados por el modelo de personajes televisivos de éxito fácil y estilo de vida aparentemente deslumbrante, divertido y rentable. Posiblemente, más que el carácter liberador del trabajo, muchos valoren la libertad que les proporcione la ausencia de compromisos, esfuerzos y obligaciones implícitas en determinadas dedicaciones laborales.

Pero el mundo necesita progresar; la vida de las personas ha de ir mejorando y el progreso habrá de reflejarse en todos los aspectos de la vida, en los individuos y en las sociedades; pero nada de eso se logra sin la dedicación al trabajo. Verdad es que a la tecnología y al ingenio humano corresponde superar la parte más dolorosa que justificaba aquello de «comerás el pan con el sudor de tu frente»; pero pese a todo, será inevitable encontrar encaje al cansancio, al dolor, a la rutina y al tedio que conllevan los compromisos laborales, reconociendo que, gracias a eso, ahora podemos acceder al ocio, a la cultura, a la sanidad, y a tantas cosas buenas que nos posibilitan una vida mejor.

Puede que hoy se encuentre en crisis determinada valoración del trabajo; algo nos dice que es así. Nos tranquiliza comprobar que muchos aún sueñan con que el trabajo los habrá libres, y han tenido arrestos, como antaño los tuvimos nosotros, para lanzarse a la aventura del mar dispuestos a arrimar el hombro por alcanzar su sueño… Y no falta quienes prefieren cerrarles la puerta de entrada.

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